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Shadowpact 1-5, de Bill Willingham y otros.

Publicado por Mon Petit Renard on Enero 28, 2008

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Comentaré hoy una serie que comenzará el próximo mes en nuestro país, salida de la pluma -y los lápices- de Bill Willingham, al que muchos conocerán por ser el creador y guionista de Fábulas. Probablemente no será un cómic superventas, pero creo que tiene algunas virtudes nada desdeñables. Llegaremos a ellas, pero primero les pongo un poco en situación (intentaré chafar lo mínimo posible).

Los que todavía no hayan visto nada de la serie y sean capaces de reconocer a todos los personajes de la foto de aquí arriba, enhorabuena, se ve que son buenos conocedores del Universo DC. Para los demás, haré una presentación mínima. De arriba a abajo y de izquierda a derecha:

-La chica del antifaz es Nightshade, personaje originalmente propiedad de la Charlton y que fuera cocreado por Joe Gill y Steve Ditko. Quizá alguien la recuerde como miembro de la Suicide Squad, de los tiempos de Zinco. Aparte de eso, un servidor ni idea (bueno, sí, lo que dicen en la Wikipedia). Por lo visto hasta ahora, parece un poco sobradilla, y la verdad es que es bastante poderosa. Tiene acceso a una cierta dimensión oscura que utiliza como lugar de paso para teleportarse, y de la que saca una sustancia, esto, oscura, que utiliza para crear golems de materia-sombra bastante fuertes, además de toda forma que se le ocurra. Una especie de Green-Black-Lantern, vamos.

-El caballero del almofar es un tal Nightmaster (¿”Amo de la noche”? Pues suena a Tony Manero…), propietario de una espada mágica llamada Sword of Night (Espada de la Noche, cómo no). Todavía no sé muy bien qué es lo que puede hacer el cachirulo de marras, aparte de mantener al mancebo joven y lozano. Hace las veces de jefe del grupo, y les proporciona su lugar de reunión, un bar dimensional llamado Oblivion… aunque este lugar será uno de los problemas de estos primeros números.

-El demonio azul es, ¿lo adivinan? Sí, Blue Devil. Demonio azul. Y es, pues eso, un demonio azul. Es fuerte y le gusta dar mamporros a sabuesos del infierno, demonios, dragones y a todo bicho del averno que se le ponga por delante. También tiene un tridente que escupe fuego y puede enviar a los demonios a su lugar de origen. Sí, ya sabemos de otro demonio al que le gusta repartir leña, y Willingham también: no falta el chiste endógamo.

-El embozado harapiento es un tal Ragman (”Hombre Retal”, pero “rag” también significa “tormento”, lo que le da un doble sentido, intraducible creo yo, al nombre). Es uno de los pocos superhéroes judíos, y viste un traje de retales -como ven- que le conectan con las almas de criminales que, a cambio de cierta redención, le ceden parte de su energía. Ésta puede hacerse servir como fuerza, resistencia o velocidad, y no sé si algo más.

-La señora de las… esto, la señora de verde es The Enchantress, la Encantadora. Otra que pudo verse por el Suicide Squad. Es una maga muy poderosa y digamos que de carácter bastante variable. Puede ser Encantadora, o puede gastarse muy Mala Uva. Pero no iba a ponerse ese nombre, claro.

-Y sí, sí es lo que parece. Es un chimpancé. De hecho, es el Detective Chimp(ancé). No tiene poderes, esto, cool, pero tiene la habilidad mágica de entender a y hablar con todo bicho viviente. Es un ex-alcohólico y -todavía- fumador empedernido. ¿Que qué hace en esta serie? Pues tener una excusa para salir en la portada. Ya saben que un mono en la portada vende más tebeos.

Aparte de estos personajes, que forman el Shadowpact (”Pacto de Sombra”) propiamente dicho, hemos podido ver al Phantom Stranger (esto… ¿Fantasma Desconocido?) introduciendo la historia y jugando un cierto papel en el primer arco. También ha aparecido Rex, el perro. Que habla, como Detective Chimp. Ah, y en el primer número salen Superman y Green Lantern.

¿Y de qué va la serie? Respuesta: de un grupo de superhéroes que se dedican a combatir amenazas mágicas en tiempos revueltos por lo que al tema se refiere. Hay que decir que los motivos de reunión del grupo tienen que ver con algo que ocurre en la miniserie Day of Vengeance, editada en las previas a la Crisis Infinita. El caso es que el tebeo comienza con el Shadowpact ya formado, sin que sepamos -si no hemos leído la miniserie aludida, se entiende- quién porras son esos tipos o por qué están juntos. Y claro, ya sabemos que no son personajes muy conocidos. De todos modos, esto no representa mayor problema si uno tiene un poco de paciencia. Willingham deja hacer a sus personajes y que estos se presenten a sí mismos, y al fin de estos cinco números sabemos, creo yo, todo lo que necesitamos saber sobre ellos y sobre qué hacen juntos.

Quienes lean Fábulas ya deben saber cuáles son los puntos fuertes -y no tan fuertes- de su guionista. En mi opinión, Willingham es un escritor bastante competente, capaz de hacer tebeos entretenidos sin reinventar la rueda ni revolucionar el medio. Ni falta que le hace. A partir de elementos a priori bastante vistos, y siguiendo unas pautas que podrían formar parte de un canon, mezcla acción, un poco de humor, buenos diálogos, algo de épica, giros argumentales, personajes arquetípicos y fácilmente reconocibles, momentos dramáticos, guiños al lector, magia y elementos fantásticos… Una coctelera con ingredientes ya conocidos, pero mezclados en buena proporción y muy bien servidos. Se le puede achacar que es poco original, que sus tebeos no aportan nada novedoso al medio, y seguro que hay a quien le deja frío. Pero a algunos nos parece un tipo que hace unos tebeos geniales para pasar un buen rato sin mayores complicaciones, y me refiero concretamente a los citados (dicen por ahí que su Robin es bastante espesillo…) Además, no es precisamente de los que alargan innecesariamente las tramas. El primer arco es de tres números, y luego van dos historias más o menos autoconclusivas (la primera es un flashback, y la segunda sigue las consecuencias del primer arco). Por otra parte, sus superhéroes son superhéroes más o menos “de toda la vida”, y se preocupan por cosas como cómo evitar -o minimizar en la medida de lo posible- las muertes en sus enfrentamientos con amenazas asesinas… antes de verse con ellas. Recuerdo un tebeo de Superman en el que decían algo así como que Superman es un héroe porque lamenta las muertes, aunque no las sienta. Esto se aplica aquí, y es algo que tiendo a echar en falta en algunas series. Debe ser nostalgia. O infantilismo.

Lo cierto es que Willingham apuntaba buenas maneras y creo que sólo le faltaba soltarse un poco la melena, pero dejó de escribir la serie a la altura del número 16, así que nos conformamos con lo dado. A mí estos primeros números me han servido para encariñarme con los personajes, en los que veo un enorme potencial como grupo.

Por lo que hace a la parte gráfica, los dos primeros números los dibuja el mismo Willingham, así como la portada del tercero. Se nota que le puso ganas, y la verdad es que no me han parecido nada mal (porque recuerdo otras cosas suyas que… como que no). El tercero corre a cargo de Cory “Invencible” Walker, mientras que de los dos siguientes se encarga Steve Scott; en conjunto ninguno de los artistas desmerece.

En resumen: si te gusta Fábulas, o los superhéroes de corte más bien clásico, o las historias donde la magia y la fantasía se combinan con la acción superheróica, te recomendaría que, al menos, trataras de echarle un vistazo a esta serie. Curiosa y entretenida, en mi opinión, y con un gran potencial. Ya veremos cómo sigue.

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CLÁSICOS DC: LA LEGIÓN DE SUPERHÉROES 1, de Levitz, Broderick, Giffen y otros.

Publicado por Mon Petit Renard on Diciembre 20, 2007

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Después de algunos retrasos respecto de la fecha en la que fue anunciada, por fin vuelve a nuestro país la Legión de Superhéroes clásica, nada menos que la extensa y celebrada etapa que tuvo como guionista a Paul Levitz. Algunos lectores, entre los que me encuentro, todavía recordarán los tebeos publicados en su día por Ediciones Zinco, que incluyeron precisamente el final de dicho período (desde la saga del Proyecto Universo hasta el final de las Guerras Mágicas). Planeta de Agostini anuncia su intención de continuar la serie hasta donde sea posible y, si las ventas acompañan, no quedarse en la etapa de Levitz sino continuar más allá, cubriendo las amplias lagunas que este editorialmente maltratado supergrupo tiene en nuestro país. Esperemos que así sea, puesto que los legionarios, sin duda, lo merecen.

El formato elegido para la publicación me parece bastante adecuado: tomos de alrededor de 200 páginas, en tamaño algo más pequeño que el clásico comic-book, pero que resulta perfectamente legible, y en color… aunque, por suerte, desaparece el típico color “de puntitos” de la época y resulta, en cambio, plano… salvo que haya que recurrir al temido escáner, claro. Cuestión de falta de materiales que es una de las piedras en el camino que se encuentran este tipo de reediciones. En fin, la relación calidad/cantidad/precio resulta, me parece, bastante favorable.

Por lo que hace a las historietas en sí, nos encontramos ante un modo de entender el tebeo de superhéroes muy diferente al que prima en la actualidad. Las aventuras contenidas en cada episodio son más o menos autoconclusivas, aunque existen diferentes subtramas abiertas que se extienden a lo largo de la serie. De todos modos, cada uno de los cuadernillos originales se preocupaba por ofrecer suficiente diversión y acontecimientos como para resultar entretenido por sí mismo. Las historietas son, a consecuencia de esto, bastante densas, con páginas pobladas de texto y viñetas; esto, claro está, en comparación con los estándares actuales.

Y sobre la Legión, hay algo ciertamente difícil de explicar y que parece haber sido la causa de que este supergrupo haya mantenido un núcleo, si muchas veces reducido, también excepcionalmente fiel a sus aventuras. El suyo es un caso ciertamente singular, y que en absoluto pretendo analizar en este espacio. Baste decir que se distingue de otros supergrupos del Universo DC, en primer lugar, por tener lugar sus historietas en un hipotético futuro, y por el casi desorbitado número de miembros del que hace gala. Esto abre, ciertamente, posibilidades más complicadas para otros supergrupos, pero también ciertos problemas que, a la larga, se han revelado nefastos para su andadura editorial. Respecto de lo primero, nos encontramos ante un universo futurista que trasciende las fronteras de la Tierra y se abre a los ficticios Planetas Unidos -y más allá-. Los legionarios -a excepción de Superboy y Supergirl, por motivos obvios- se encuentran más o menos ajenos a la continuidad del Universo DC “presente”, con lo que se tiene más libertad para planificar sus historias. Además, al ser tantos y no tener muchos de ellos una excesiva carga icónica, se puede incluso tomar la decisión de matar -más o menos definitivamente- a alguno de ellos, cosa que ha ocurrido en varias ocasiones. Ahora bien, el hecho de “hipotecar” el futuro del Universo DC, el peso sobre la continuidad de los viajes en el futuro, y el hecho de haber mezclado en sus miembros a algunos héroes del presente como los citados Superboy y Supergirl, ha terminado complicando enormemente la historia del grupo. A partir de las Crisis en Tierras Infinitas de Wolfman y Perez comenzaron a surgir una serie de incoherencias que, poco a poco, fueron minando la credibilidad de las historias y, tras la marcha de Levitz, comenzaría un largo camino de sucesivos “revamps” que ha tenido una -penúltima- muestra en la reciente serie de Waid y Kitson publicada en nuestro país. Pero eso llegaría más adelante, y la realmente brillante etapa a cargo de Paul Levitz y otros estupendos artistas, especialmente Keith Giffen, pero también Steve Lightle, Pat Broderick o Greg Larocque, se abre ahora paso en nuestro mercado. Esperemos, como decía, que hayan vuelto para quedarse.

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BATMAN PRESENTA: CATWOMAN 2, de Will Pfeifer y David López.

Publicado por Mon Petit Renard on Octubre 12, 2007

Por fin se ha puesto a la venta el segundo número de esta nueva andadura editorial de la felina fatal, Catwoman. Como sabrán, la nueva fórmula que Planeta de Agostini ha aplicado al título implica una periodicidad trimestral, así que la espera entre número y número se nos ha hecho casi eterna…

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Con todo, la espera ha merecido la pena: tres episodios prácticamente intachables, que se leen con emoción e interés crecientes. Sean o no seguidores del personaje, si los vigilantes enmascarados son lo suyo es bien probable que esta serie les enganche… si es que no lo ha hecho ya.

Si quieren conocer algunas de las claves de una de las mejores series DC que se publican en la actualidad -sin spoilers-, ya saben, sólo tienen que seguir leyendo…

En primer lugar, recordamos que el número anterior de la edición española coincidió con el evento Un año después surgido tras las Crisis Infinitas: un salto temporal que nos sitúa, en el caso que nos ocupa, en una situación que incluye varios cambios en el mundo de Selina Kyle, algunos de importancia más que fundamental. Pfeifer consigue sacarle mucho partido a dichos cambios, comenzando por el planteamiento narrativo que está siguiendo la serie. Así, tenemos básicamente dos líneas argumentales que se van entrecruzando: una tiene lugar tras el salto de un año, formando la trama a la que se dedica el grueso de las historias. La otra se desarrolla en flashbacks repartidos en los diferentes episodios, y va mostrando escenas ocurridas durante ese año “perdido”. De este modo, los cambios con los que nos encontramos tan pronto nos introducimos en la historia se convierten en enigmas que los flashbacks van desvelando progresivamente. Además, el cambio de escena cumple otra función narrativa, y es que Pfeifer los intercala hábilmente para retrasar la resolución de escenas cruciales (cliffhangers); recurso tan “de manual” como efectivo.

Por otra parte, los personajes son otro de los elementos principales del interés de la serie. Pfeifer ha aprovechado -y muy bien, por el momento- el reparto habitual de secundarios que utilizara su antecesor, Ed Brubaker, en la serie: Holly Robinson, Slam Bradley y su hijo, Karon y Wildcat, básicamente. Al menos uno de estos personajes tiene ahora un protagonismo esencial, como sabrán quienes hayan leído siquiera unas páginas del número anterior. A estos personajes se añaden algunos nuevos, como un policía obsesionado con Catwoman o cierto villano cinéfilo. Otro villano visto anteriormente por la serie continúa dándole problemas a Selina… y no sólo a ella.

Pfeifer mueve con gran habilidad a todos los personajes, teniendo bastante claro -más, sin duda, que al principio de su etapa- hacia dónde quiere ir. Los diálogos -y algún monólogo de villano de vieja escuela- resultan creíbles, las reacciones de cada uno los caracterizan de manera coherente, la evolución sufrida por algunos de ellos consecuente con lo que sabíamos: en suma, no hay personajes out of character, defecto tan corriente últimamente en el género.

A los hábiles recursos narrativos y el correcto tratamiento de personajes hay que sumarle una trama adictiva y emocionante, que obliga prácticamente a devorar una página tras otra sin que el interés decaiga en ningún momento y que deja con auténticas ansias de saber qué ocurrirá a continuación. En parte, es una lástima que no se publique a razón de un episodio mensual, puesto que los cliffhangers suelen ser de infarto… por no decir que, como ya apuntábamos más arriba, la espera de tres meses se ha hecho casi eterna.

Y no menos meritorio que el guión de Pfeifer resulta el excelente dibujo de David López y Fernando Blanco. Si en la entrega anterior ya me llamó la atención el cuidadísimo dibujo de los españoles y la espectacular evolución -a mejor- de López respecto a su anterior Ángel Caído, ahora, tras seis entregas mensuales, puedo decir que estoy realmente admirado de que haya sido capaz de mantener, si no mejorar, el nivel tras tanto tiempo sin tomarse descanso alguno. No es sólo que sus dibujos sean agradables, sus fondos trabajados y su narrativa limpia y comprensible; es que, además, López se permite forzar todo tipo de perspectivas y encuadres -tanto mete picados y contrapicados desde ángulos imposibles como, con la confianza en su dibujo de un auténtico maestro, se permite acercar o alejar la “cámara” tanto como la escena lo requiera, sin temor a los planos generales que obligan a demostrar su dominio de la anatomía humana y del dibujo arquitectónico-. La composición de página es tan variada como fluida, y hay que pararse a analizarla para darse cuenta de lo imaginativa que es y lo bien resuelta que está. López dibuja de todo y todo lo dibuja bien, favorecido por las tintas de Blanco, muy limpias y detalladas, y el color de Jeromy Cox, que, con no tapar la labor de los dibujantes, ya tendría una labor meritoria.

En resumen, vuelvo a lo que decía al principio: una de las mejores series del universo DC actual, en mi opinión -desde luego, la que más le gusta a un servidor-. Tiene todo lo que se le puede pedir a un tebeo de vigilantes enmascarados, y más todavía: emoción, intriga, personajes memorables, acción y entretenimiento del bueno. No será la serie más popular del panorama mainstream, pero sí que ha llegado a ser, gracias a la labor de dos guionistas en estado de gracia como Brubaker, antes, y Pfeifer, ahora, una de las más agradecidas de leer. Yo que ustedes le daría una oportunidad a la gatita.

Por cierto, ¿he mencionado las portadas de Adam Hughes?

 

Batman presenta 4: Catwoman 2.

Guión: Will Pfeifer. Dibujo: Álvaro López. Entintado: Fernando Blanco. Color: Jeromy Cox.
Edición Original: Catwoman Nº 56 a 58 USA
Fecha Edición: septiembre de 2007
Formato: Comic-book, 72 págs.
Precio: 4,95 €

(Anteriormente en Comixaría).

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OMAC, de Jack Kirby.

Publicado por Mon Petit Renard on Agosto 25, 2007

Planeta de Agostini editó recientemente este tomo en su línea de clásicos DC (a tamaño reducido y en b/n), recopilando los 8 números que “el Rey” hizo de esta serie de su creación entre 1974 y 1975. Kirby edita, escribe y dibuja, mientras que las tintas corren a cargo de D. Bruce Berry (núms. 2-7) y Mike Royer (1-8). Hay que decir que la historia tiene un final truncado debido a su prematura cancelación, además de que la calidad de la reproducción no es siempre todo lo buena que sería de desear.

La serie apareció en un momento en el que los títulos del Cuarto Mundo habían sido cancelados debido a las bajas ventas, a pesar de lo cual Kirby parecía dispuesto a seguir intentando crear colecciones de éxito en DC. En OMAC, al menos según mi impresión, Kirby parece algo más contenido que en sus series del Cuarto Mundo, y las historias son más lineales y menos apabullantes; tal vez consideró que un tipo de narración más clásico triunfaría allí donde el desborde de imaginación de sus series anteriores había fracasado. Tenemos un protagonista central, el OMAC del título, y dos conceptos claves que tienen continuidad hasta el final de los números escritos por Kirby: el satélite espacial que provee sus poderes al protagonista, y la Agencia para la Paz Global, la organización que está detrás de OMAC. Los enemigos a los que se enfrenta son seres humanos malvados, como Mister Big, el Mariscal Kafka, Fancy Freddy Sparga y el doctor Skuba; todos ellos algo sosos, en mi opinión.

Y es que ese es el problema que tiene para mí este tebeo: Kirby es genial cuando se desata, cuando deja que sus delirios cienciaficcioneros absurdos e infantiloides campen a sus anchas, en un paroxismo de low brow fantástico y ultrapop. En cambio en este tebeo se le nota algo atado, más comedido a la hora de introducir “nuevos” conceptos uno detrás del otro y sin solución de continuidad. El resultado final contiene, por supuesto, muchos de los elementos que me han hecho apreciar las historias de Kirby -comenzando por su peculiarísimo modo de dibujar, y sobre el que no abundaré-, pero lo que gana en coherencia lo pierde en capacidad de asombro; me parece un tebeo algo soso, en definitiva.

Con todo, Kirby es Kirby y siempre merece echarle un vistazo. Tal vez no sea su mejor obra, pero mantiene muchos de los rasgos que han hecho a su autor merecedor del apelativo de “el Rey de los comics”.

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BATMAN PRESENTA: CATWOMAN 1, de Will Pfeifer y David López.

Publicado por Mon Petit Renard on Julio 1, 2007

Planeta de Agostini sigue apostando por la publicación de la serie de la felina más conocida de Gotham, cambiando, eso sí, de fórmula editorial. Así, los números que restaban inéditos de la etapa de Ed Brubaker en el título, más los que conforman el inicio de la etapa de Will Pfeifer, acompañado por Pete Woods, han sido recientemente editados en 5 tomos recopilatorios. Ahora,en cambio, nos encontramos con tebeos en formato grapa conteniendo tres números americanos por número español, periodicidad trimestral y tres series que se irán alternando -Catwoman, Robin y Nightwing-, bajo la cabecera común Batman presenta. Esperemos que esta fórmula, a priori muy interesante -es un formato muy manejable, cómodo de leer, con buena calidad de papel y edición y muy económico- tenga éxito y nos permita seguir por mucho tiempo las aventuras de la vamp más clásica del universo batmaniano.

El inicio de esta nueva etapa coincide con el evento Un año después, que resultará familiar a los seguidores del Universo DC, y que consiste básicamente, por motivos relacionados con la miniserie Crisis Infinita, en saltar un año hacia el futuro y continuar la historia a partir de aquí. Lo ocurrido durante este año “perdido” se narra, por un lado, en la miniserie semanal 52, editándose en nuestro país en estos momentos, y por el otro, en las diferentes series, a base de flashbacks y otros recursos narrativos.

Por lo que hace a la serie que nos ocupa, esta nueva etapa mantiene al guionista Will Pfeifer y sustituye a Pete Woods por el español David López a los lápices, entintado por Álvaro López y coloreado por Jeromy Cox. Y las sorpresas comienzan desde las primeras páginas, con cambios que, esta vez sí, parecen realmente fundamentales. Pfeifer saca partido del salto temporal, planteando un panorama general realmente novedoso y sembrando una serie de interrogantes sobre lo ocurrido en el interín. Además, hace entrar en escena a un nuevo villano, recupera otro de la etapa anterior y pone en juego a los secundarios habituales desde la etapa de Ed Brubaker, concediéndoles bastante protagonismo y dando una sensación de familiaridad pese a los cambios muy de agradecer. Batman vuelve a hacer aparición, algo habitual en esta colección, en una escena bastante simpática y emotiva.

Por lo que hace al dibujo, en mi opinión David López da un salto cualitativo -respecto al único referente suyo que tenía, el Fallen Angel que hiciera junto a Peter David, recientemente editado aquí- realmente impresionante. López realiza un trabajo casi increíble en una serie mensual, detallado y primoroso, excelentemente narrado y de una gran belleza plástica. Todos los aspectos del tebeo están cuidados, la composición de la página, la expresividad de los personajes, la claridad narrativa, la limpieza y nitidez de los elementos de la página, la ambientación, los decorados… Casi no puedo creer que alguien sea capaz de trabajarse tanto un tebeo con los demenciales ritmos de publicación de una serie de este tipo, pero David López nos sorprende, no sólo con su talento para el dibujo, sino con su rapidez y profesionalidad. Sin duda, un elemento imprescindible en el resultado final es el excelente entintado de Álvaro López, de trazo fino, limpio y detallado. El color de Jeromy Cox, por su parte, es bastante llamativo, pero tal vez disuelva un tanto la imagen en ciertas ocasiones, dificultando la apreciación del detallista dibujo de David y Álvaro. Sea como fuere, ésta serie se convierte desde ya, para mi personal gusto, en una de las mejor dibujadas del panorama mainstream, superando por goleada a otras mucho más cacareadas pero muy inferiores en comparación.

Así pues nos encontramos, en mi opinión, con la que debe ser una de las mejores series de su género entre las que se publican en la actualidad en nuestro país. Pfeifer parece haberle cogido el pulso a la felina y a sus secundarios, y tras unos comienzos que me parecieron algo dubitativos, escribe aquí unos tebeos entretenidos, bien dialogados, con buenas dosis de intriga, acción, algo de humor, personajes convincentes y una trama que se sigue con interés. En el haber, uno de los cambios aplicados al statu quo de Selina parece hipotecar al personaje de cara al futuro, pero bien, ya veremos qué tal se maneja; de momento, se le está sacando buen partido, y resulta interesante ver a la gatita haciendo frente a su nuevo rol. Por otra parte, no puedo evitar el mencionarlo, Selina por fin vuelve a lucir el cabello largo, y gracias al buen hacer de dibujante y entintador se ve realmente hermosa. Y éste no es el único cambio a nivel físico, tal y como queda bien patente en una divertida escena al ponerse el traje de Catwoman…

En suma: tebeo más que recomendable para pasar un buen rato, si te gustan los tebeos de héroes enmascarados, acción, intriga y entretenimiento digno y de calidad, y con un arte realmente memorable. Una de las mejores series, sin duda, surgidas del evento Un año después; merece, desde luego, su publicación, que espero no pase desapercibida entre los aficionados al género y podamos seguir en nuestro país por mucho tiempo.

Y si queréis leer una excelente reseña del mismo tebeo, no os perdáis la del gran Tebeonauta en Es la hora de las tortas!!!

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WONDER WOMAN: THE GREATEST STORIES EVER TOLD, de varios autores.

Publicado por Mon Petit Renard on Mayo 26, 2007

DC Comics acaba de publicar este recopilatorio de historietas de la Asombrosa Amazona, seleccionando diversos episodios a lo largo de la dilatada historia del personaje. Lo primero que habría que decir es que hacer justicia al pomposo título del tomo (”Las mejores historias jamás contadas”) es prácticamente imposible, y no ya sólo por lo subjetivo que la elección de los mejores tebeos de un personaje con más de sesenta años de historia a sus espaldas necesariamente debería ser. Dado que se pretenden abarcar no sólo episodios sino etapas representativas, no queda más remedio que limitarse a números autoconclusivos, con lo que las sagas de varios números quedan automáticamente excluidas de la representación. En fin, echemos un vistazo a las historias recopiladas una a una y pensemos después si, a pesar de todo, se ha conseguido acercarse a lo que el título pretendería.

-Antes de entrar en materia, un par de notas. Primero, la portada y contraportada del tomo me parecen francamente horrendas y una auténtica chapuza: ambas utilizan una ilustración de Alex Ross que fue la ¡contraportada! del especial Wonder Woman: El espíritu de la verdad (y todavía aparece una tercera vez, en la primera página de interiores). Aparte de que en DC podrían haber tenido el detalle, ya que es material reeditado, de hacer al menos una cubierta ex profeso, puestos a reciclar ¿qué tal una de las excelentes ilustraciones que han realizado sobre la amazona autores como Brian Bolland, George Perez, Phil Jiménez, José Luis García López o Adam Hughes, por decir algunos? Es que ésta es fea de narices… WW parece excesivamente mayor, fondona y hombruna. Desde luego, Ross tiene trabajos mucho mejores que éste.

Por otro lado, el tomo contiene un único “extra” que no está nada mal para nostálgicos y fans de la amazona: una introducción de nada menos que la mítica Linda Carter, la guapísima actriz que protagonizó la serie de televisión de Wonder Woman allá por los setenta. No es que diga nada revolucionario, pero es un detalle.

-Ahora sí, vamos con el contenido. Lo primero con lo que nos encontramos supone una nueva pequeña decepción: el origen de la amazona -lógico- contado en ¡dos páginas!, sacado nuevamente del mismo lugar que la portada, el especial de Paul Dini y Alex Ross Wonder Woman: Spirit of Truth (2001). Es bonito, vale, pero… ¿no hubiera sido más apropiado colocar el origen clásico del personaje, en su primera aparición? O, ya puestos, ¿qué tal el nuevo origen de George Perez en Wonder Woman vol. 2 nº 1, tebeo deslumbrante donde los haya? En fin…

-Seguimos con dos números a cargo, como no podía ser de otro modo, de su creador y su primer artista, el psiquiatra William Moulton Marston y el dibujante H. G. Peter, respectivamente. Se trata de dos historietas aparecidas originalmente en Sensation Comics 1 (enero 1942) y Wonder Woman 28 (marzo/abril 1948). La primera es una de sus primeras apariciones, cuando todavía llevaba falda, y es tan sencillita como encantadora, si uno ama realmente al personaje y/o es capaz de emocionarse con este tipo de artefactos pop. La segunda tiene como aliciente la aparición de muchos personajes asociados al mito: Steve Trevor, la reina Hipólita y las amazonas, las Holliday Girls y las villanas de Villainy Inc. La trama no deja de tener su qué, especialmente atendiendo a ciertas metalecturas (la pasión por el bondage de Moulton Marston está bien justificada en estas historias, por ejemplo). El dibujo es bastante simplón y de estilo… anticuado. De esos que basta un vistazo para saber que pertenece a otra época. Luego va con gustos, como siempre.

-A continuación, tres historietas a cargo de un equipo creativo que estuvo unos cuantos años a cargo de la amazona: Robert Kanigher y Ross Andru. Corresponden a los números 99 (julio 1958), 108 (agosto 1959) y 163 (julio 1966). Hay un par de cosas que me han llamado la atención en estas historias. La primera es cierto cambio de registro, en el que Wonder Woman asume una posición mucho más dependiente y subordinada respecto a Steve Trevor, aparte de que las historias aumentan el registro de absurdos por página sin límite alguno; quien conozca la Silver Age de DC ya sabe de qué hablo (y si no, debería visitar este blog). A mí personalmente este tipo de marcianadas me chifla, pero entiendo que a más de uno le superen.

En segundo lugar, el dibujo de Andru sufre una… involución, por así decir. Vamos, que, en mi modesta opinión, va de aceptable, incluso interesante, a simplemente horrendo. En efecto, en la primera historieta dibuja con un trazo sencillo, anguloso, bastante clásico y hasta elegante, y los personajes lucen cierto atractivo. La segunda conserva la sencillez de trazo, pero algo ocurre… Sólo hay que mirar cómo dibuja a Diana, que parece pedir urgentemente un peluquero -y eso sólo para comenzar-. En la tercera entramos ya en la apoteosis: el dibujo -cómo no- sigue siendo sencillo, pero pierde angulosidad, el trazo se redondea y se… cartooniza, se hace más infantiloide y anticuado. Wondy parece ahora una de esas señoras algo maduritas y pasadas de kilos que posaban como pin-ups en la década de los cuarenta (y estábamos ya en 1966, ya saben, Twiggy y tal; un diez para las lumbreras de editores de DC de la época). Quizá ya lo hayan adivinado: estamos ante un -penoso- intento de revival de la Golden Age, con Andru imitando como buenamente podía a H. G. Peter, tal y como se nos aclara al final de la historieta. Que, aparte de como espanto visual y argumental, uno no entiende qué pinta en esta recopilación.

-Pasamos al siguiente tebeo, el Wonder Woman 178, de septiembre/octubre de 1968. Se trata de una entretenida historia a cargo de Denny O´Neil y Mike Sekowsky (el dibujante de la primera etapa de la JLA), donde Diana inicia el cambio que la llevará a abandonar su tradicional uniforme, dejar sus poderes por el camino y entrar en una etapa en la que el personaje, según dicen quienes han leído los tebeos, se convirtió en una especie de Emma Peel (la de la serie de TV “Los Vengadores”) con pasado amazónico. La trama tiene detalles de juzgado de guardia, pero los detalles machistas y el modo de entender la cultura hippie-pop por parte del guionista tienen su gracia (y su valor como carnaza de adeptas y adeptos a los Cultural Studies). El dibujo de Sekowsky es simplón -en esta época y en este contexto pocos se escapan-, pero mejor que lo visto en los dos números anteriores. No era muy difícil.

-Y llegamos a los setenta con el Wonder Woman 214, de septiembre/octubre de 1974, obra de Elliot S. Maggin dándole al idem y de Curt Swan -el clásico dibujante de Superman- a los lápices y Phil Zupa a las tintas. Otra historia meramente entretenida, con una trama tan forzada y absurda como parece que debían ser por decreto ley hasta tiempos no muy lejanos -la tradición no se ha perdido del todo, en realidad-, pero precisamente por eso con su gracia y su salero. Tenemos a Green Lantern contando la historia desde su punto de vista, y atendiendo como convidado de piedra a los acontecimientos. Y el dibujo, pues, ¿qué aficionado no ha visto nunca un Superman dibujado por Swan? Pues ya saben: un dibujo algo sosillo, pero eficaz. La historia tampoco pide a gritos un Brian Bolland, vamos.

-Y de aquí a los ochenta, como el que no quiere la cosa, y de nuevo tenemos al incombustible Kanigher guionizando el Wonder Woman 286 (diciembre 1981), con un tal Jose Delbo dibujando, o algo parecido, y Dave Hunt entintando. Se trata de una historia bastante ñoña, de las que podrían resultar emotivas a algunas niñas de la época, pero que a los señores barbudos que somos los únicos que quedamos para leer estas cosas lo único que consiguen es recordarnos que tenemos que hacérnoslo mirar. Del dibujo mejor no digo nada.

-Y, por fin, llegamos a la etapa post-Crisis, concretamente a la gloriosa era que tuvo como protagonista absoluto al gran George Perez. Yo sólo tengo los cinco o seis primeros números que sacó Zinco en su día, y anda que no he puesto velitas a mis patronas para que alguien se decidiera por fin a reeditar la etapa… Ya me hubiera comprado los TPB´s yanquis, pero cuando lo miré había alguno descatalogado y desde que Planeta se hizo con los derechos están diciendo que terminará cayendo, cuando la película, ahora que sin película… A ver si el año que viene ya, caramba. Pero a lo que iba: el número en sí está bastante bien, y Perez trata de evocar un ambiente de novela negra que no sé si le termina de pegar a la serie, pero curiosamente la cosa no va del todo mal. Sólo fallan un par de cosas: primero, el protagonismo de Diana es bastante relativo, por no decir que, en realidad, aquí hace de secundaria de lujo (y se supone que son sus mejores historias, no las de un tal inspector Indelicato). Y segundo, que el entintado de Bob McCleod (ante lo que supongo que debían ser unos lápices no muy acabados) no hace justicia en absoluto al estilo de Perez, que está aquí prácticamente irreconocible. Por cierto, el número es el Wonder Woman vol. 2 nº 20, de 1988.

-Y llegamos al final del tomo, a la que, con permiso del creador del personaje y del gran Perez, me parece la mejor historia incluida en aquel. Se trata del episodio correspondiente a Wonder Woman vol. 2 nº 170, de julio de 2001, en la etapa de Phil Jiménez, que argumenta y dibuja el episodio, con diálogos -no acreditados aquí- de Joe Kelly y entintado de Andy Lanning. Jiménez está impresionante al dibujo, con un nivel de barroquismo y detalle que recuerda a su gran maestro y referente ineludible George Perez, y el cariño y el cuidado puesto en cada página son más que notables; sólo hay que echar un vistazo a la splash page con la que muestra a Diana por primera vez en la historieta para darse cuenta. Se nota que le encanta el personaje, al que mimó muchísimo en su etapa, y eso no se le puede negar. Eso sí, hay que reconocer que su estancia en la serie pasó de tener un nivel mucho más que aceptable a decaer lastimosamente, especialmente en su tercio final o así, con un último número que no puedo recordar sin evitar el sonrojo. Con todo, Jiménez merecería un monumento, aunque sólo sea por haber sido uno de los pocos creadores que ha escrito y dibujado a la amazona de manera más que digna. Ah, y nota al pie: la última página de interiores es página de cómic; el tomo no incluye portadas -más allá de la mencionada horrosa cubierta, que tenemos, repito, por triplicado-, ni publicidad o checklist al final, ni impresión en las portadas interiores. Vista la calidad media de las historias y la algo discutible edición del tomo, pese a su título rimbombante y sus 19,99 dólares USA, empiezo a pensar en teorías conspiratorias en contra de mi amazona favorita.

-Termino haciendo balance, despedida y cierre. Pues bien, en primer lugar, llaman la atención un par de ausencias. Primero, no hay ningún número de la famosa etapa, ya mencionada, del revamp wonderwomaniano con el uniforme blanco y sin poderes de los setenta. Tampoco de la extensa etapa de un autor tan carismático como John Byrne, aunque por lo que he leído no es que hiciera en este título su mejor trabajo, precisamente. Claro que, visto lo visto, no creo que hubiera desentonado en exceso. Bueno, tampoco hay nada de la etapa Messner Loebs/Deodato, que no sé yo. Y, para acabar con esto, me extraña, y mucho, que no haya nada del amigo Greg Rucka, autor hasta no hace mucho bastante sobrevalorado, en mi opinión -llegó a escribir alguna serie de los tres personajes más icónicos del universo DC al mismo tiempo-, y que tal vez el tiempo ha ido poniendo en su lugar. Su etapa en WW la resumiría en una palabra: NADA. Tres años en el título y Diana se ha cargado a Max Lord. Punto. Encima hemos tenido a un personaje estirado, soso e insufrible durante tres años… cuando la hemos visto por las viñetas, que no se ha prodigado mucho, no. Y, ¿en qué ha acabado la trama de la Lex Luthor rubia que se inventó como pretendida archivillana? ¿Y lo del libro? ¿La trama metapolítica? ¿Silver Swan? Tres años para desarrollar un par de argumentos, y nada. En fin, lo dejo, que me voy por peteneras.

Concluyo: aunque no conozco, ni mucho menos, toda la larga historia de la princesa de las amazonas, me cuesta creer que no haya al menos un puñado de historias bastante mejores que, al menos, algunas de las que se incluyen aquí. No sé muy bien cuáles habrán sido los criterios de selección… Pero temo que no hayan andado del todo finos; sólo hay que mirar la portada (sí, ya sé que me repito, pero es que…) También cabe la sospecha de que la serie de la amazona, que casi nunca ha gozado de ventas muy boyantes, según tengo entendido, no ha sido precisamente la que ha recibido mayores atenciones por parte de la editorial. Pero bueno, después de tantos años…

Termino con una pequeña confesión: en realidad, me ha encantado leer este tomo, a pesar de que reconozco que la calidad “objetiva” de buena parte de las historietas no es, seamos finos, muy destacable que digamos. ¿Que por qué? Ah, “el corazón tiene razones que la razón no conoce”.

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BATMAN: STRANGE APPARITIONS, de Englehart, Rogers, Austin et. al.

Publicado por Mon Petit Renard on Mayo 24, 2007

No hace mucho tiempo que me hice con este tomo, un TPB yanqui que recopila, básicamente, la clásica y aclamada etapa de Steve Englehart, Marshall Rogers y Terry Austin en Detective Comics. Y, en adelanto de lo que seguirá, mereció la pena; hay que decir que ciertos tebeos considerados hoy en día “clásicos” resultan, en ocasiones, algo frustrantes, probablemente porque los lectores nos creamos expectativas poco realistas o tal vez porque sus planteamientos puedan resultarnos caducos, ingenuos, reaccionarios… No ha sido éste el caso, y puedo decir que he disfrutado plenamente de su lectura, pareciéndome un tebeo muy entretenido, con un Batman brillante, un elenco de villanos y personajes secundarios más que acertado y un dibujo que hay que destacar.

Comencemos por echar un vistazo un poco más detallado al contenido del tomo:

-En primer lugar, por lo que hace al formato: es un recopilatorio en tapa blanda, con 176 páginas en color. Incluye los números de la edición original de Detective Comics 469-476 y 478-479 (mayo 1977 a septiembre-octubre 1978).

-Los equipos artísticos se configuran del siguiente modo: guiones de Steve Englehart (469-476) y Len Wein (478-479); dibujo de Walt Simonson (469-470, con tintas de Al Milgrom), y Marshall Rogers en el resto de episodios, entintado por Terry Austin (471-476) y Dick Giordano (478-479).

Y, ¿qué podemos encontrar? Primero, en los números dibujados por Simonson, un enfrentamiento contra un villano algo freaky, un tal “Dr. Phosphorus”… La historia no es lo más brillante del tomo, pero no deja de ser mínimamente entretenida. El dibujo resulta algo tosco, especialmente en comparación con lo que seguirá, pero aceptable. El espectáculo empieza en el primer episodio dibujado por el equipo Rogers/Austin, con diferentes tramas comenzándose a enredar y diferentes villanos amenazando al murciélago enmascarado: el mafioso Rupert Thorne, el enigmático Hugo Strange, los clásicos Pingüino, Deadshot y Joker… Tal vez una de las historias más recordadas sea el enfrentamiento con este último en “The laughing fish”, donde Rogers y Austin visualizan un Joker “definitivo”, en uno de sus enfrentamientos con Batman más enrevesados y desquiciantes que se recuerdan.

Por lo que hace al resto de secundarios, aparecen en algún momento, como no podía ser de otro modo, Alfred, el comisario Gordon y Robin, con el que Batman hace equipo en su enfrentamiento con el Pingüino. Mención aparte para la mítica Silver St. Cloud, interés romántico de Bruce Wayne cuya relación irá evolucionando a lo largo de los números… y hasta aquí puedo contar.

Los dos últimos episodios, con guión de Len Wein, narran un enfrentamiento con Clayface; tal vez lo más reseñable sea la labor de Rogers, entintado aquí por Dick Giordano, aunque la historia tampoco es despreciable.

Terminaremos destacando el arte de Marshall Rogers y Terry Austin, que valorizaría por sí solo, en mi opinión, el tebeo. Rogers tiene un trazo naturalista, estilizado y detallista, con una narrativa tan limpia y comprensible como vibrante y espectacular, cuando así es requerido. Sin duda, las virtudes de este dibujante son llevadas al máximo de sus posibilidades por la extraordinaria labor de Terry Austin, uno de los mejores entintadores de su época. La limpieza y resolución extremas del trazo y la variedad y dimensionalidad de las texturas (conseguidas a base de combinaciones de tramas mecánicas y manuales, contornos siempre nítidos, masas de negro excelentemente contrastadas…) convierten la contemplación del tebeo en un auténtico placer para la vista, destacando algunas imágenes (como la presentación del Joker o la splash page final del último episodio guionizado por Englehart, por ejemplo) que quedan grabadas en la retina. Dicho sea de paso, este mismo equipo artístico protagonizaría, al lado de un inspiradísimo Roger Stern, una etapa tal vez no suficientemente valorada -el personaje nunca ha conseguido, pese a la calidad de muchas de sus etapas, excesiva popularidad-, pero que considero absolutamente imprescindible en Doctor Strange.

En suma, un tebeo al que el apelativo de “clásico” hace entera justicia, uniendo una trama bien hilada, suficientemente compleja, adictiva y entretenida, con un dibujo ante el que no cabe más que quitarse el sombrero. Poco menos que imprescindible, pues, para fans del Hombre Murciélago, y muy recomendable para el resto de aficionados al género… y al arte de los comics.

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CATWOMAN 5, de Will Pfeifer y Pete Woods.

Publicado por Mon Petit Renard on Mayo 23, 2007

Segundo tomo a cargo del nuevo equipo creativo post-Brubaker, y quinto y último en este formato. En una entrada anterior comenté el inicio de la etapa de Pfeifer y Woods en Catwoman, y si bien allí manifestaba ciertas dudas respecto a si el guionista conseguiría mantener el nivel de la excelente etapa inmediatamente anterior, guionizada por Ed Brubaker y dibujada por una pléyade de magníficos artistas, este nuevo tomo representa, en mi opinión, un salto cualitativo que mejora, y mucho, la impresión dejada por el anterior… pese a que continúa teniendo algunas cosas que me parecen tal vez algo discutibles. Llegaremos a eso.

En el aspecto formal, el tomo contiene 4 números de la publicación original norteamericana, del 49 al 52 (vol. 2). El primer episodio concluye con el primer arco argumental, de 6 episodios, a cargo de Pfeifer y Woods, Tu ser querido. En fin, confirmamos que el “espectacular” cliffhanger del número anterior era más bien predecible, que siguen habiendo algunos detalles no demasiado acertados -con Deus ex machina incluido-, y que hay algún cambio de personalidad no del todo creíble… Aunque justamente el tema de la personalidad y la “crisis de identidad” va a alcanzar el protagonismo prácticamente absoluto en el arco que viene a continuación y que ocupa los tres números restantes, Máscaras pretéritas.

En el marco de un enfrentamiento -con visos de ser “definitivo”-, Selina va a recibir una visita inesperada de cierta hechicera con medias de rejilla y toda su vida, literalmente, va a dar un vuelco. Para colmo, sus principales seres queridos -Slam y su hijo, Holly y su novia- van a verse implicados en la morbosa venganza que cierto archienemigo prepara contra Selina. El enfrentamiento final pondrá a prueba qué significa, qué representa y quién es “Catwoman”.

Y de aquí al OYL, el famoso evento “Un año después” que seguramente resultará familiar a los seguidores del universo DC. Y, por lo que hace a los aspectos editoriales, Planeta continuará con la edición de la serie -noticia que personalmente me alegra, esperemos que dure- en formato grapa, con tres episodios yanquis por número español y periodicidad trimestral. En realidad, se agrupan tres títulos bajo una cabecera común (”Batman presenta”): la citada, Robin y Nightwing. Espero que la fórmula funcione y tengamos aventuras de mi felina predilecta para rato.

Concluyendo: siguen habiendo un par de aspectos que no terminan de convencerme, pero la historia contada en este tomo resulta por momentos vibrante, muy entretenida y adictiva, con algunas premisas interesantes y una generación de implicación con los personajes bastante conseguida. Por la parte negativa, hay por lo menos dos cosas que no terminan de convencerme y que trastean de mala manera con lo que un servidor consideraba hasta ahora la esencia de la gatita. Opino que convertir a los héroes enmascarados, por muy de ambigua moral que sean, en asesinos no es hacerlos más “realistas”; es hacer que dejen de ser héroes y se conviertan en asesinos, punto. De todos modos, el asunto no queda del todo claro y, antes de rasgarnos las vestiduras, esperaremos a ver qué ocurre. De momento, vuelvo a estar enganchado a las aventuras de la felina, y no sólo por incondicionalidad de fan, sino porque me he reencontrado con una historia de calidad en el título. Esperemos que la cosa, a partir de aquí y aprovechando el evento mencionado, siga como mínimo igual de interesante: sin duda, uno de los mejores títulos de aventureros enmascarados que pueden leerse en este momento en nuestro país.

Aprovechando que termina una época -y cierra una serie para dar paso a una nueva etapa-, dejo un par de enlaces por si alguien quiere conocer un poco mejor al personaje y su mundo:

Catwoman, artículo de la wikipedia en castellano

Catwoman en la wikipedia en inglés (artículo bastante más completo que el anterior).

Cubiertas de las diferentes series y títulos relacionados de Catwoman

Página con diferentes enlaces a páginas relacionadas o dedicadas a Catwoman

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CATWOMAN: SI VAS A ROMA, de Jeph Loeb y Tim Sale.

Publicado por Mon Petit Renard on Mayo 11, 2007

Planeta publicó esta miniserie, obra del guionista Jeph Loeb y el dibujante Tim Sale, directamente en un bonito tomo recopilatorio en tapa dura. No es ésta, ni mucho menos, la única obra conjunta de ambos autores; en Marvel, por ejemplo, han realizado varias miniseries ambientadas en el pasado de algunos personajes icónicos, como Hulk: Grey, Daredevil: Yellow o Spiderman: Blue. Y en DC se han sucedido diversas incursiones en el universo batmaniano, como Batman: The Long Halloween, Dark victory o Haunted Knight.

Por lo que hace a la miniserie que nos ocupa, me temo que mi opinión no es demasiado positiva, por lo menos en lo que respecta a la historia. Me da la impresión de que el único cometido de Loeb es el de dar excusas para que Sale se luzca dibujando diferentes personajes y ambientes. ¿De qué otro modo justificar, por ejemplo, la presencia de tantos enemigos de Batman, o que Selina igual monte un scooter que un caballo, que vista un traje de spandex o de cuero -o ninguno de ellos-, o que luche en un yate, un anfiteatro romano, un hotel o una mansión? Hay escenas y diálogos que bordarían el ridículo si no contaran con una preciosa estampita de Sale para ilustrarlos…Y eso que la premisa es, a priori, interesante: Selina viaja a Roma con la intención de aprender algo sobre sus orígenes, concretamente, a tratar de averiguar quiénes son sus verdaderos padres… Aunque la respuesta quizá no sea del todo de su agrado, pues implica a la mafia y a un anillo de singular poder…

No me extenderé, pues. Un tebeo maravilloso si uno es realmente un admirador del arte de Tim Sale, realzado por el estupendo colorista con el que cuenta en esta ocasión -Dave Stewart-, o si es excepcionalmente incondicional de la felina que es su protagonista -mi caso-, y supongo que no demasiado interesante para el resto.

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CATWOMAN 4, de Will Pfeifer y Pete Woods.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 25, 2007

Tenía mis dudas sobre si continuar con esta serie tras la buena impresión dejada por la etapa, ya finalizada, de Ed Brubaker en el título. Algunas cosas leídas por aquí y por allá sobre lo que ha sido el devenir de la gatita desde entonces, no sólo no me parecían especialmente halagüeñas, sino que hay al menos tres cosas, tres cambios de gran importancia que afectan gravemente al personaje -que no diré por ser spoiler-, que han conseguido que me disgustara con el rumbo que, al parecer, ha tomado la serie en su actualidad yanqui. Son cosas que guardan relación con el nuevo tono imprimido al Universo DC desde Crisis de identidad, más oscuro, deprimente y sanguinario; algo que, sin duda, está agradando a muchos aficionados, pero que a mí no me convence, por lo menos no cuando se aplica a personajes con una imagen tan icónica y con una tradición tan consolidada -o eso pensaba yo- como los presentes.

Por lo que hace a la historia del tomo en cuestión, tenemos las primeras cinco partes del primer arco argumental escrito por Will Pfeifer en el título. Hay que hacer mención de que Planeta se ha saltado nada menos que seis números de la serie regular entre este tomo y el anterior, a lo que habría que sumar los tres que formaban parte del crossover “Juegos de guerra”. Con esto hacen nueve números que han quedado fuera de la edición española de la serie, quedando seis de ellos, además, inéditos aquí (seis fill-ins, al parecer… pero que tal vez algún coleccionista echará en falta).

Del dibujo se encarga Pete Woods, artista que no conocía y que ha sido una grata sorpresa. Tiene un estilo límpido, personal y definido, es un buen narrador, hábil con la caracterización de personajes, variado con las composiciones de página… un gran dibujante, en suma. Eso sí, no puedo evitar seguir echando de menos el estilo cartoon que tuvo la serie de la felina en sus mejores momentos, cómo no, en la etapa de Brubaker.

Por lo que hace a la historia, no podía comenzar de peor modo: Silencio, el villano del universo batmaniano, convence a Catwoman para que robe algo para él… una situación bastante absurda, cuando no increíble, en la que las motivaciones de uno y otra para hacer lo que hacen son poco menos que ridículas y una mera excusa para que quede libre “algo” que, a continuación, desaparece… y que “sospecho” que algo tiene que ver con el cliffhanger con el que termina el tebeo, en apariencia espectacular, pero de resolución demasiado obvia. Aunque quién sabe, igual Pfeifer nos sorprende…

En otro aspecto, los secundarios que Brubaker introdujo y manejó tan brillantemente pierden protagonismo en esta historia, a excepción del hijo de Slam Bradley, metido en una “misión policial” con un planteamiento algo traído por los pelos. Veremos cómo se resuelve.

Por la parte positiva, además del excelente dibujo tenemos a unos personajes tan buenos que muy torpe o malintencionado tendría de ser un guionista para hacerles perder totalmente la magia que arrastran consigo. Siempre es un placer ver a Catwoman saltando por los tejados de la nocturna Gotham, luchando con ese inimitable estilo suyo y conversando con alguno de los personajes del rico elenco que la rodea -comenzando por Batman, con el que tiene uno de los momentos más destacables del tomo-. Además, el tebeo se lee con fluidez, resulta entretenido y, si se pasa de puntillas por ciertas cosas que, repito, considero algo discutibles, no deja una mala impresión.

En suma, un tebeo que no está del todo mal, sobre todo si uno trata de no compararlo con la etapa anterior, con una historia entretenida y un dibujo más que destacable.

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