FOREST OF THE GRAY CITY 1, de Uhm Jung-Hyun.
Publicado por Mon Petit Renard on Octubre 3, 2007
Parece que de cada vez son más las editoriales españolas que, a rebufo del éxito más que notable que está consiguiendo el manga en nuestro país, se deciden a editar manhwa o, lo que es lo mismo, tebeos coreanos. Una de las últimas en apuntarse al fenómeno es la hispano-argentina Ivrea, y uno de los últimos títulos que nos ha brindado es este entretenido Forest of the gray city.

Comenzaré diciendo que, pese a que no tengo ningún tipo de prejuicio en mis lecturas tebeísticas, no soy muy dado a leer shojo (o su variante coreana, como es el caso), aunque alguna cosilla ha caído, caso de la interesante Tarot Café, por ejemplo. Hay que reconocer que es un género que tiene un target bastante preciso, en principio, con lo que hay que tener, cuando menos, una actitud receptiva cuando se está tan alejado de aquel como es mi caso. Todo esto lo indico tan sólo para dar a entender que no tengo las suficientes lecturas y contextos en este ámbito como para poder hablar del tebeo con un mínimo de justicia, ya que, para empezar, no tengo apenas con qué compararlo, ni sé si es más o menos original, si “fusila” cosas de otros mangas o mahnwas, si el dibujo es o no apropiado… Así que les cuento según me parece y ustedes juzguen.
Bueno, la trama no es algo que parezca muy espectacular, llamativo u original a primera vista: una joven ilustradora coreana está pasando algunos apurillos económicos, con lo que decide alquilar una de las habitaciones de su casa para sacarse unos extras. Esto le cuesta más de lo que pudo prever en un principio, y termina, en circunstancias un tanto extrañas, alquilándosela a un chico. A partir de aquí se suceden las casualidades, las situaciones atípicas y los líos que apuntan hacia un mutuo interés romántico que, sin embargo, dará todavía unas vueltas antes de que pueda (si es que eso llega a suceder) consumarse… y hasta aquí podemos leer.
Como siempre en estos casos, el posible interés no hay que buscarlo en la trama, sino, en todo caso, en el desarrollo de la misma, en las personalidades de los protagonistas y en las propias situaciones que se producen. Bien, en mi caso les puedo decir que la lectura ha sido de lo más fluida y entretenida, con algunos momentos bastante divertidos y sin que el ritmo y la intensidad decaigan en ningún momento. Esto se consigue con un buen uso de algunos recursos bastante conocidos en el cómic asiático. La agilidad de lectura, por ejemplo, se consigue a base de colocar pocas viñetas por página, con muy poco texto en cada panel y con un inteligente uso de los silencios y las elipsis. La trama dosifica muy bien las sorpresas argumentales, y cada cierto número de páginas, a la vez que ocurren cosas que hacen avanzar la trama y resuelven algún hilo abierto anteriormente, se van abriendo nuevos puntos de interés, siempre centrados en la relación de los dos protagonistas. Estos resultan, por lo demás, suficientemente complejos y cercanos a la vez como para generar la simpatía del lector; el romance es un estado prácticamente universal, y los avatares que toma no por distintos dejan de resultar comunes.
El dibujo es muy estilizado, muy agradable visualmente y, pese a seguir las coordenadas típicas del manga/ manhwa, tiene la suficiente personalidad como para resultar reconocible. La autora -asumo que femenina, disculpen una deducción que espero no resulte precipitada- cuida especialmente el vestuario y la apariencia general de sus personajes, amén de los fondos -tirando en ocasiones de fotografías “quemadas”-, y la conjunción de detallismo y expresividad resulta bastante equilibrada. Conozco otros tebeos de temática similar mucho más recargados y ultrabarrocos, hasta el punto de caer en el amaneramiento y, por qué no decirlo, la cursilería. Tendrán su encanto igualmente, no digo que no, pero…
Resumiendo: un tebeo que me ha parecido una lectura de lo más entretenida, muy hábilmente narrada, adictiva y con momentos realmente divertidos, con un dibujo elegante, expresivo y como muy cool, ya saben. Por ponerle un pero: los personajes del tebeo tienen un aspecto de anoréxicos que asusta; seguro que no dan el peso para desfilar por la pasarela Cibeles. Nadie es perfecto, dicen.
(Anteriormente en Comixaría).
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