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Ed, el payaso feliz, de Chester Brown.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 14, 2007

Información de la contracubierta del tomo:

Nunca un payaso las pasó tan canutas y jamás un cómic se internó tan lejos en su exploración del subconsciente. Ed, el payaso feliz, la primera novela gráfica del canadiense Chester Brown, es un trabajo de sinopsis imposible que mezcla el terror, la ciencia-ficción, el patetismo existencial y la comedia absurda para alzarse en una obra pulp brutal, arrebatadora y de alto contenido emocional.

Ed, el payaso feliz es también un clásico moderno hasta hoy inédito en nuestro país. Un caudal de imaginación que obligará al lector a arrancarse los ojos o a rendirse para siempre al talento indomable de Chester Brown.

Éste ha sido uno de esos comics que compro de vez en cuando por probar, sin referencias externas ni recomendación alguna, sino por puro impulso, porque algo ha conseguido llamarme la atención, aunque a veces no sepa muy bien qué es lo que pueda haber sido. Lo curioso es que ese “sentido interno” suele acertar, por raro que parezca. Y, en este caso, de pleno.

En la solapa de la cubierta hay un avance del contenido del tebeo en forma de listado de elementos. Es una mezcla tan absurda, tan imposible y delirante, que uno podría pensar que es algo así como una provocación, una manera de llamar la atención del posible lector, sin más objetivo que el de funcionar de gancho, incluso de broma. El caso es que el tebeo cumple escrupulosamente con lo que ese texto promete, incluso con el “¡Y mucho más!” con el que concluye la lista. Dado que quisiera que, si alguien todavía no lo ha leído, tenga como poco la posibilidad de llegar a la lectura sabiendo lo menos posible de lo que se puede encontrar allí, obviaré hacer un resumen o lista propia de las locuras contenidas en la historieta.

La narración se estructura en diversos capítulos que, según parece, se extendieron en su génesis durante varios años. Al principio la sucesión de acontecimientos parece no estar demasiado ligada, dando un aire de improvisación, pero Brown va haciendo confluir poco a poco las diferentes subtramas y consigue que las diferentes idas de perola con las que nos va deleitando adquieran una coherencia interna admirable. El aspecto gráfico va en consonancia, y pueden apreciarse ciertos cambios en el estilo de dibujo y en la composición de la página entre los diferentes capítulos. Lo extraño, y meritorio, es que el conjunto adquiera unidad y solidez suficientes como para poder hacerse pasar por una “novela gráfica”, cuando parece obvio que no era esa precisamente su intención inicial.

El dibujo es funcional, con una buena definición y acabado de los elementos de la página, sin renunciar al detalle cuando éste es necesario y tiene una función narrativa. El aspecto de los personajes es convenientemente grotesco, deformado, algo cartoon, y su capacidad expresiva me parece francamente notable. Podríamos decir que en conjunto es algo feísta, aunque la ternura y el encanto que desprenden ciertos personajes obligaría a matizar el adjetivo. En fin, el aspecto visual es casi tan “peculiar”, por decir algo, como el propio contenido.

Imagino que, ante tanta rareza, no cabrán medias tintas en la opinión de sus lectores. En mi caso, puedo decir que éste es uno de los tebeos que más he disfrutado de leer hasta el momento, que ha soportado excelentemente la relectura y que sin duda ocuparía un lugar destacado en una hipotética lista de mis comics predilectos. Falta de pretensiones, imaginación desbordante, paraíso del psicoanalista, dibujo tan extraño como gratificante, tornillería muy, muy floja y un respeto, con todo, intachable con las convenciones y los recursos del medio. ¿Qué más le podría pedir a un tebeo?

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