Tetebeos

Blog sobre comics.

Archivos para Septiembre, 2007

NOISE, de Tsutomu Nihei.

Publicado por Mon Petit Renard on Septiembre 21, 2007

Mirando por mi librería habitual me he encontrado con una obra que suponía agotada desde hacía un tiempo y que, por lo visto, Glénat ha reeditado recientemente. Se trata de Noise, obra del singular mangaka Tsutomu Nihei y que contiene sus primeros trabajos publicados, previos a su exitosa serie de culto Blame!, de diez volúmenes.

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Es el primer manga que leo de este autor; debo decir que, pese a que ya había leído algunas cosas sobre él y, en parte, sabía más o menos a qué atenerme, ha conseguido sorprenderme

Lo primero que llama la atención, sin duda, es la ambientación del cómic. Nihei tiene formación, al parecer, en arquitectura, y ésta se deja notar en los intrincados diseños de sus decorados. Encontramos pasillos y túneles que parecen no tener principio ni fin, edificios cuya altura parece incalculable, estancias hipertecnificadas repletas de cables, tubos, pantallas, contrastando con otras que sólo parecen acumular podredumbre y objetos inservibles. Los ángulos de cámara elegidos por Nihei terminan en puntos de fuga oscuros y sin final; ninguna perspectiva, por amplia que sea, es capaz de ofrecer una visión completa de aquello que se esté mirando. Todo parece colosal, inmenso, pero también plagado de kippel, de erosión y decadencia.Los personajes, en cambio, son altamente delgados y estilizados, a veces casi una mera bruma que se confunde entre el fondo. La mezcla entre biología y tecnología de la que suelen hacer gala remite a los tópicos de la Nueva Carne y, particularmente, a los universos biotecnológicos pesadillescos de H. R. Giger.

A todo esto contribuye el singular estilo de dibujo de Nihei. Que es un magnífico ilustrador puede comprobarse en las portadas de sus mangas, amén de en las preciosas páginas a color que incluye este volumen. Sin embargo, los interiores parecen estar dibujados de un modo terriblemente apresurado, con un entintado que parece conjugar la línea gruesa y la mancha del pincel con profusos rayados de rotring o plumilla. Las escenas sosegadas, con planos silenciosos en las que los personajes se pasean por los impresionantes decorados que imagina el autor, se alternan con otras en las que prima la acción más trepidante. Las líneas cinéticas, la ausencia casi total de diálogos y las enormes viñetas aceleran el ritmo de lectura, de tal modo que éste tan sólo se ve interrumpido por uno de los “defectos” que he visto suele achacarse a este autor: su confusa narrativa. Hay momentos en los que difícilmente podemos distinguir qué demonios está ocurriendo, y, cuando se asienta el polvo y regresa la tranquilidad, tan sólo podemos intentar adivinar cuál ha sido el resultado de la lucha por quién sigue en pie.

Por lo demás, esto es coherente con el críptico desarrollo argumental, suficientemente oscuro para que el lector tenga que poner mucho de su parte si quiere “entender” de qué va la historia… o para que pueda interpretarla a su propio modo. Así, este manga frustrará las expectativas de aquel lector que espere una historieta meramente de acción y entretenimiento.

En la superficie, éste es un tebeo -uno más- de temática ciberpunk, de ciencia-ficción y acción desbordante. Pero sus peculiaridades lo convierten en algo más -o en algo menos, según se mire-: en un tebeo con una fuerte impronta personal, en una obra que trasciende el mero objeto de consumo para exigir algo más al lector, una implicación en la obra, en sus silencios, sus laberintos, sus elipsis imposibles, sus planos que apuntan al infinito, su mirada caótica y poco complaciente.

Es, en suma, un tebeo que frustrará a más de un lector que espere un mero seinen de acción y que, en cambio, tal vez atraiga la mirada de lectores con otro tipo de inquietudes. En todo caso, antes de atreverse a entrar en el universo de Blame!, bien puede merecer la pena echar un vistazo a este tomo. En el caso de que se decidan a viajar por el universo de Nihei, les deseo suerte.

(Anteriormente en Comixaría).

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BOLLAND STRIPS!, de Brian Bolland.

Publicado por Mon Petit Renard on Septiembre 10, 2007

Ediciones Glénat acaba de poner a la venta este curioso tomo, el cual recopila un material que previamente se encontraba muy, pero que muy disperso, obra del conocido dibujante Brian Bolland. Tenemos con este tebeo una ocasión casi única, ya que al exquisito dibujo del autor hay que sumarle su menos conocida pericia a la hora de escribir sus propios guiones en unas historias que, en su momento, seguro debieron descolocar a propios y extraños y que, reunidas en una sola dosis, multiplican sus efectos de desconcierto hasta niveles inusitados.

Brian Bolland es principalmente conocido por su labor de portadista, la cual ha venido llevando a cabo, desde finales de los 70 hasta la actualidad, de forma prácticamente exclusiva en DC. En su haber, aunque ya algo lejanas en el tiempo, quedan algunas historietas bastante memorables del Juez Dredd, la interesante miniserie escrita por Mike W. Barr Camelot 3000, y el especial en formato prestigio escrito por Alan Moore Batman: The Killing Joke. En cuanto a las portadas, le debemos las cubiertas de la etapa de Grant Morrison en Animal Man, las de los volúmenes segundo y tercero de Los Invisibles del mismo guionista, y una gran cantidad de portadas para series de grandes iconos como Batman, Wonder Woman, Green Lantern o Flash. A todo ello hay que sumar una ingente cantidad de ilustraciones, pin-ups y demás miscelánea.Sin embargo, las inquietudes de Bolland no se han detenido en su faceta de dibujante e ilustrador y, tal y como él mismo confiesa en uno de los textos que acompañan el volumen, en un determinado momento sintió la necesidad de contar sus propias historias; tenemos aquí recopilado el resultado de la mayor parte de sus intentos por hacerlo. Vayamos, entonces, por partes.

Encontramos, después de una reveladora introducción, tres historietas que tienen como hilo común el protagonismo de dos personajes harto singulares, La actriz y el obispo. Las dos primeras fueron publicadas en A1, de Atomeka Press, años ha, mientras que la tercera, más extensa, fue creada directamente para el recopilatorio. Nos encontramos ante unas historietas tremendamente singulares, dibujadas con el primor y el enfermizo detallismo de copista medieval que caracterizan a Bolland -en especial, la tercera- y que justifican, en parte, la proverbial fama de lentitud del dibujante. Sin embargo, Bolland no destaca solamente por ese preciosismo -compartido con otros ilustres como George Perez-, sino que el resto de aspectos formales resultan prácticamente intachables. Y es que la rigidez y estaticidad que suele acompañar a los dibujantes que usan un estilo excesivamente figurativo brillan aquí por su ausencia, y la expresividad es otra -cuasi paradójica- “marca de fábrica” de este excelente artista. Otro aspecto a tener en cuenta es la impresionante imaginación visual de la que hace gala, y que un servidor equipararía a la que exhiben otros grandes artistas también enfermizos en el detalle y actualmente en activo como J. H. Williams III (Promethea, Desolation Jones), Chris Weston (El Asco, Los Invisibles) o Frank Quitely (The Authority, New X-Men, Los Invisibles, WE3).

Las historias de la Actriz y el Obispo son bastante indefinibles. Un paseo en Citroën 2CV y en barco con recuerdos mezclados, una fiesta en casa con más recuerdos, y un monstruo en el cobertizo entre meditaciones sobre el sentido de la vida frente al tendedero y un andar desnuda por la casa a la búsqueda de un desatascador perdido (que, por cierto, está en el lomo de la portada). Son historias impregnadas de un extraño lirismo, apoyadas por una rima juguetona e infantil -mérito el haberla mantenido de la traductora, que además se ha molestado en introducir una buena cantidad de notas que aclaran ciertos aspectos de las historias-. Son extrañas, pero evocadoras, y supongo que requieren de cierta sensibilidad compartida con el autor para “sintonizar” con la historia; de lo contrario, es probable que deje más bien perplejo e incluso algo defraudado. Les puedo asegurar que no ha sido mi caso.

Por lo que hace a Mr. Mamoulian, que ocupa 54 de las 100 páginas del tomo, es una suerte de tira cómica, a ritmo de planchas de una página, que se extendió en su publicación original por al menos una década. Rastrear su vida editorial supone repasar una buena cantidad de publicaciones hoy extintas, con lo que difícilmente podría ser leído fuera de este recopilatorio. Tal y como Bolland asume, su intención inicial, entre otras cosas, fue la de realizar un dibujo más espontáneo y menos perfeccionista, dejando que vehiculara las historias de la forma más intuitiva y directa posible. El resultado es altamente irregular, alocado, profundo, desconcertante, divertido, irreverente y un buen montón de adjetivos más, adjetivos que difícilmente llegarán a agotar el pozo sin fondo que son estas peculiarísimas historietas. Aquí sí que no hay término medio, y supongo que el lector terminará amándolas u odiándolas, con pasión en ambos casos. Apúntenme, de nuevo, a los primeros.

Por último, hay una miscelánea con una historia de dos páginas, la cual es una especie de ejercicio de estilo consistente en cómo contar una historia negándose a contar una historia; luego, un par de ilustraciones -con anuncio incluido-, una historieta edificante y un portafolio con imágenes que bien valen que, de encontrarse el ejemplar en la librería, se decidan al menos a ojear.

Comparando la edición española con la yanqui, echo a faltar 12 páginas en la nuestra y, por lo que leo aquí, nos falta una leyenda con princesa y rana de protagonistas. Visto el nivel del resto del material, sin duda esto es algo a lamentar.

En resumen, es un tebeo prácticamente imprescindible para cualquier fan del gran Brian Bolland; si no otra cosa, podrán gozar de su arte en viñetas, actividad en la que, de todos es sabido, bien poco se ha prodigado. Y las historias, tan extrañas como cautivadoras, supongo -así lo espero- que encontrarán su audiencia en aficionados a los que nos gusta la experimentación, el afán de sorprender y la capacidad expresiva y altamente subjetiva de artistas de gran personalidad, como es el caso. Por mi parte, chapeau, Mr. Bolland.

(Anteriormente en Comixaría).

Publicado en Palmano Bennet | 3 Comentarios »

SWAMP THING: DARK GENESIS, de Len Wein y Berni Wrightson.

Publicado por Mon Petit Renard on Septiembre 2, 2007

Hace no demasiado tiempo pudimos ver la edición española de este tebeo, el cual reúne todas las historias que el dúo Len Wein (guionista) y Berni Wrightson (dibujante) hicieron para el personaje que ambos crearan hacia el año 1971: una historia corta inicial de 8 páginas, aparecida en House of secrets 92, y los diez primeros cómics ya con el nombre de su protagonista, Swamp Thing o La Cosa del Pantano.

Es bastante probable que, si has leído algo del amigo Swampy, sea la etapa de Alan Moore. Y éste es, quizá, el mayor problema o la mayor ventaja que puede tener el cómic que nos ocupa. En efecto, el guionista británico, es bien sabido, dio una vuelta de tuerca impresionante al personaje, redefiniéndolo por completo y escribiendo algunas de las mejores historias que ha dado el género, al decir de muchos de sus lectores. Una obra tan memorable debe pesar como una losa de cara a enfrentarse a otras historias del personaje, y eso no exime a las de sus propios creadores. Las comparaciones, inevitablemente, surgen. Y es probable que, de hacerlas, los guiones de Wein no salgan del todo bien parados. Frente a la maestría en muchos aspectos exhibida por Moore, Wein escribe, me parece, historias del montón y muy de la época, con verbo florido y bastante recargado, con textos de apoyo interminables y reiterativos, con diálogos bastante tópicos y con personajes planos, predecibles y simplones. Las tramas utilizan lugares comunes del terror y, en menor medida, la ciencia ficción: el científico loco, hombres lobo, fantasmas y zombies, extraterrestres, brujas, pueblos malditos, entes lovecraftianos, robots… Nada especialmente original, ni por planteamiento ni por enfoque.

Ahora bien, me parece que cabrían al menos dos posibilidades para que el lector pueda encontrar algún tipo de interés en las historias. El primero es, precisamente, por el legado de Moore. Y es que en estas historias podemos encontrar las primeras versiones de personajes que luego serán recurrentes en la etapa del inglés, como el propio Swampy, Abigail Arcane, su infame tío o Matt Cable. Puede resultar interesante, por lo tanto, observar esta versión para comprobar hasta dónde llegó Moore en sus modificaciones, tanto de los personajes -cuya esencia, de todos modos, respetó- como en los argumentos (en toda su etapa se pueden observar la mayoría de tramas arriba señaladas, pero con resultados bien diferentes).

Una segunda posibilidad para que el lector gustara estas historias podría tener relación con una determinada sensibilidad del mismo. Si, en efecto, uno es del tipo que se emociona con las viejas películas de terror de la Hammer, que disfruta de los ambientes románticos (bosques tenebrosos, castillos, pueblos pseudomedievales, pantanos brumosos, claros de luna…), del tetricismo naif y el terror de los cuentos infantiles, bien, tal vez este tebeo sea de su agrado. La carencia de sofisticación y la mostración poco sutil de los elementos terroríficos puede tener, si no el poder de causar espanto, sí de conservar un cierto encanto que tal vez se pierda en las historias de terror más “adulto” (escojan sus propios ejemplos).

Mención aparte para el impresionante dibujo de Berni Wrightson. Independientemente de que a uno pueda interesarle más o menos la historia, el grafismo compensa con creces, es mi opinión, cualquier pero que pudiera ponerse al cómic. Tenemos aquí, sin duda, a un Wrightson pletórico, en auténtico estado de gracia, y sorprenden cosas como la cantidad de detalles que es capaz de poner en cada viñeta. Su capacidad para crear atmósferas tenebrosas y personajes torturados y atemorizantes está, creo, fuera de toda duda. Es impresionante cómo un dibujo tan naturalista puede resultar en ocasiones tan grotesco, y tómese esto como el mejor de los elogios; uno estaría tentado de compararlo con el Goya de los Caprichos, por ejemplo, pero me conformaré con hacerlo con otro de los grandes genios del cómic de terror: Graham “Ghastly” Ingels. En una palabra: soberbio. Si tienes dudas sobre comprar o no este cómic, te invitaría a que lo ojearas.

En resumen: historias tal vez envejecidas prematuramente (en mi modestísima opinión, los cómics EC, cerca de 20 años más antiguos, son muy superiores en este aspecto), pero que tal vez conservan cierto encanto, con un dibujo, me parece, a reivindicar, y que en conjunto es una lectura probablemente entretenida -mejor a dosis no demasiado grandes, tal vez- y, para lo bueno y para lo malo, “clásica”. Tal vez no agrade a todo el mundo, pero es un cómic que, eso creo, bien merece su publicación.

Publicado en DC, Vertigo | 1 Comentario »