Tetebeos

Blog sobre comics.

Archivos para Agosto, 2007

GREGORY, de Marc Hempel.

Publicado por Mon Petit Renard on Agosto 30, 2007

Planeta de Agostini publicó dos tomos, en tamaño reducido (idéntico al de los clásicos DC) y B/N recopilando todo el material que Marc Hempel creó para su personaje Gregory; no estará de más recordar esta obra, que bien podría ser que hubiera pasado algo desapercibida en su momento para algunos aficionados.

Gregory es, para quien no lo sepa, un niño que habla con monosílabos y que vive internado en un psiquiátrico, recluido en una habitación diminuta. Sus únicos amigos son la rata Herman Vermin, el ratón Wendel y las ocasionales cucarachas que Gregory usualmente termina devorando. A partir de un reparto y un escenario tan limitados, pareciera que esta serie no pudiera dar demasiado de sí. Si a eso le añadimos un dibujo esquemático, emborronado y feísta, un sentido del humor personalísimo y juegos demasiado en el borde de la locura -el mismo Hempel confiesa que, en parte, creó el cómic como forma de terapia-, deberíamos decir que no parece, de entrada, un tebeo demasiado atractivo. No ha sido, de hecho, un superventas precisamente, aunque parece haber tenido una buena recepción, en general, en ciertos sectores de la crítica. ¿Se trata, pues, de un buen tebeo? ¿O es otra de esas rarezas sólo aptas para gafapastosos de pro?

Bien, obviamente eso ha de contestarlo cada cual. En mi caso puedo decir que es uno de mis tebeos favoritos dentro de una determinada “categoría”, por llamarle algo, en la que entrarían obras como las de Dave Cooper, Charles Burns, Ed el payaso feliz de Chester Brown, El garaje hermético de Moebius, Como un guante de seda forjado en hierro de Daniel Clowes, algunos episodios del Swamp Thing de Alan Moore o Los Invisibles y The Filth de Morrison. Si alguien es capaz de ver el núcleo común, de haberlo, entre todas las obras y/o autores citados, igual se hace una idea de por dónde voy.

Es Gregory un cómic, en mi opinión, que ha de ser necesariamente minoritario por lo personal de sus planteamientos, por lo raro, extraño y -en su aparente simplicidad- por su dificultad de fondo (y no hablo de dificultades meramente intelectuales). Si no conecta contigo, probablemente te deje indiferente, cuando no confuso e incluso molesto. Pero si consigues entrar en su juego, la cantidad de satisfacciones -de un tipo extraño, indefinible, sí, pero llamémoslas “satisfacciones”- que puede traerte bien valdrán su compra. Si te atreves a probar con este tebeo, te deseo suerte.

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OMAC, de Jack Kirby.

Publicado por Mon Petit Renard on Agosto 25, 2007

Planeta de Agostini editó recientemente este tomo en su línea de clásicos DC (a tamaño reducido y en b/n), recopilando los 8 números que “el Rey” hizo de esta serie de su creación entre 1974 y 1975. Kirby edita, escribe y dibuja, mientras que las tintas corren a cargo de D. Bruce Berry (núms. 2-7) y Mike Royer (1-8). Hay que decir que la historia tiene un final truncado debido a su prematura cancelación, además de que la calidad de la reproducción no es siempre todo lo buena que sería de desear.

La serie apareció en un momento en el que los títulos del Cuarto Mundo habían sido cancelados debido a las bajas ventas, a pesar de lo cual Kirby parecía dispuesto a seguir intentando crear colecciones de éxito en DC. En OMAC, al menos según mi impresión, Kirby parece algo más contenido que en sus series del Cuarto Mundo, y las historias son más lineales y menos apabullantes; tal vez consideró que un tipo de narración más clásico triunfaría allí donde el desborde de imaginación de sus series anteriores había fracasado. Tenemos un protagonista central, el OMAC del título, y dos conceptos claves que tienen continuidad hasta el final de los números escritos por Kirby: el satélite espacial que provee sus poderes al protagonista, y la Agencia para la Paz Global, la organización que está detrás de OMAC. Los enemigos a los que se enfrenta son seres humanos malvados, como Mister Big, el Mariscal Kafka, Fancy Freddy Sparga y el doctor Skuba; todos ellos algo sosos, en mi opinión.

Y es que ese es el problema que tiene para mí este tebeo: Kirby es genial cuando se desata, cuando deja que sus delirios cienciaficcioneros absurdos e infantiloides campen a sus anchas, en un paroxismo de low brow fantástico y ultrapop. En cambio en este tebeo se le nota algo atado, más comedido a la hora de introducir “nuevos” conceptos uno detrás del otro y sin solución de continuidad. El resultado final contiene, por supuesto, muchos de los elementos que me han hecho apreciar las historias de Kirby -comenzando por su peculiarísimo modo de dibujar, y sobre el que no abundaré-, pero lo que gana en coherencia lo pierde en capacidad de asombro; me parece un tebeo algo soso, en definitiva.

Con todo, Kirby es Kirby y siempre merece echarle un vistazo. Tal vez no sea su mejor obra, pero mantiene muchos de los rasgos que han hecho a su autor merecedor del apelativo de “el Rey de los comics”.

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BOMB QUEEN I: Royal Flush, Queen High, de Jimmie Robinson.

Publicado por Mon Petit Renard on Agosto 14, 2007

Un poco por casualidad he podido leer la primera miniserie de 4 episodios de este curioso título, editado en Estados Unidos por Image Comics e inédito por estos pagos. Digo “primera miniserie” puesto que el modo de publicar este tebeo es mediante miniseries (de las que ya van tres, con cuatro números cada una) y one-shots (uno, de momento); esta fórmula se aplica a otros títulos de Image, y no parece darles mal resultado.

Sobre el autor, Jimmie Robinson, hay que decir que tiene otras obras publicadas aunque, por lo que cuentan en la wikipedia, no parece que el éxito le acompañara demasiado en todas ellas. Pese a ello, en Image han seguido dándole la oportunidad de editar sus tebeos y parece ser que, por fin, con esta Bomb Queen ha dado en el clavo.

La característica principal de la historia, sin ser del todo novedosa, no ha sido excesivamente explotada en el cómic mainstream yanqui: la protagonista, la Bomb Queen del título, es una supervillana. Supongo que los aficionados más veteranos, o los que sigan los tomos Essential yanquis, recordarán títulos como el Super Villains Team-Up de Marvel Comics; menos recordada, tal vez, es la efímera serie de la que gozó todo un mito del universo batmaniano como el Joker. Más recientes son los títulos dedicados a personajes como Venom (Marvel) o Lobo (DC), mucho más exitosos pero igualmente condenados a la extinción. De todos modos, a priori el tipo de cómic con el que debería resultar más sencillo establecer conexiones es el del subgénero de las bad girls, muy en boga en los 90 y hoy en día algo menos: Lady Death, Catwoman, Witchblade y un largo etcétera, ya saben. Hay que decir que los cómics de estos personajes, que han perdurado de uno u otro modo hasta la actualidad, no lo han hecho sin atravesar grandes cambios y, entre otras cosas, se ha suavizado la carga de malicia y violencia de las que eran capaces las protagonistas, por norma general.

Hay otro cómic que, al menos a mí, me parece otro referente de cara a establecer similitudes con el tebeo del que les cuento: Empire, de Mark Waid y Barry Kitson. Allí se nos planteaba una situación que más de un fan se ha imaginado en alguna ocasión: ¿qué ocurriría si, por una vez, los malos ganasen y se hiciesen con el control mundial? Los ocho números que vimos publicados en España me parecieron bastante curiosos y entretenidos, máxime teniendo en cuenta la dificultad de empatizar con unos personajes que, todos y cada uno de ellos, no son precisamente sujetos en los que uno quisiera verse reflejado (algo parecido a lo que ocurría en Sleeper, cuya femme fatale residente, Miss Misery, tiene también cosas en común con nuestra Bomb Queen). Ah, y un último cómic para el saco de las referencias: The Authority. Hablando de la serie, todos los títulos citados encontrarán su razón para ser mencionados -o eso espero-.

Bomb Queen, como decía, es una supervillana que ha conseguido, después de una larga e intensa lucha por el poder, hacerse con el control de una ciudad entera, New Port City. Allí los superhéroes están prohibidos y toda autoridad emana de su dictadora. Hay elecciones democráticas pero, en realidad, el alcalde no es más que un títere de la reina, y todo el mundo lo sabe… y lo consiente, en general. Ésta es una de las claves: la ciudad está gobernada por una dictadora supervillana, psicópata, hedonista y malvada hasta la médula… porque cuenta con el apoyo de la mayoría de sus súbditos. El porqué de este apoyo no termina de resultarme demasiado plausible -tampoco voy a explicarlo aquí-, pero puede pasarse por alto y fijarse en el resto; este tebeo no es Ex Machina, y las intrigas políticas, que las hay, son más bien de sal gruesa y un poco chorras, para qué nos vamos a engañar. El autor ha expresado en más de una ocasión que el tebeo tiene algo así como una doble lectura: quien quiera quedarse con la acción, violencia, sexo y demás, pues las tiene; pero hay también elementos de crítica sociopolítica, a los que Robinson parece concederles no poca importancia.

Por suerte, los aspectos lúdicos del tebeo salvan las pretensiones que pueda tener por otro lado, cubriéndolas lo suficiente como para que no nos saquen del todo de la lectura. Y es que éste es un tebeo muy, muy garrulo, extremo y disparatado. Robinson no se corta un pelo por lo que hace a la violencia y el gore, -también algo de sexo, más sugerido que otra cosa, pero con algún desnudo, eso sí- pero sin duda más llamativo es lo políticamente incorrecto que resulta. Dado que New Port City es algo así como una ciudad del vicio a lo bestia, vemos violaciones a plena luz del día, revelaciones de incesto, abusos infantiles, referencias nazis, del KKK o de grupos terroristas islámicos, parricidios, asesinatos en masa… Una de las cosas que entretienen del tebeo es ponerse a buscar los detallitos escabrosos o epatantes escondidos entre las viñetas. La acción principal tiene, por lo demás, eso: acción, y a borbotones. Los diálogos son bastante buenos, y hay momentos realmente impagables, auténticas joyas del humor más negro y cafre que imaginarse pueda uno. Ah, me olvidaba del rey de los tebeos cafres, Garth Ennis; bien, Robinson, les puedo asegurar, no se queda corto.

Por lo que hace al dibujo, Robinson utiliza un estilo que yo definiría como muy de dibujo animado. Limpio, de línea sencilla y bien definida, llena las viñetas de detalles, trabaja muy bien los fondos y compone y narra de forma dinámica, efectiva y espectacular. De todos modos, algo tiene que no termina de convencerme; manías tontas de cada uno, porque creo que su profesionalidad y capacidad al dibujo son más que notables.

En suma: tebeo tremendamente divertido si a uno le gustan las barrabasadas, la sal gruesa, el destape, el gore y la acción y violencia extremas. Muy políticamente incorrecto, muy trash, pero genial para curarse de indigestiones de gafapastismo. En la variedad está el gusto, dicen. Valdrá también el mal gusto, supongo.

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EL ÁNGEL CAÍDO 5, de Peter David y J. K. Woodward.

Publicado por Mon Petit Renard on Agosto 2, 2007

Llegamos a la quinta entrega de esta interesante serie -ya comentada en este blog- escrita por el incombustible Peter David, y en esta ocasión nos encontramos con dos novedades que tienen su importancia. El primero y más obvio es la sustitución del que había sido el dibujante hasta el momento y cocreador del personaje, nuestro David López, por el artista J. K. Woodward. López ha estado últimamente dibujando de forma más que excelente la serie de Catwoman, tal y como podemos comprobar en los números que han comenzado a editarse recientemente en nuestro país, y que considero más que recomendables para los aficionados al género. Su sustituto, Woodward, destaca a primera vista por realizar las páginas pintadas; la técnica empleada, según él mismo explica en unas páginas que vienen como extra al final del tomo, consiste básicamente en una combinación de gouache y aerógrafo, con algún retoque digital y un resultado bastante vistoso. Hay que reconocer que sus páginas son bastante bonitas -sólo hay que ver la preciosa portada del tomo-, aunque tal vez su narrativa, sin ser nefasta, me parece mejorable en algunos aspectos; por ejemplo, hay algunas elipsis un poco bruscas, algunas transiciones entre viñetas que rompen un poco el hilo. De todos modos, muy puntilloso hay que ponerse para no ver todos los rasgos interesantes de su dibujo: su composición es remarcable -fíjense por ejemplo en el detalle de variar el borde de las viñetas según la acción y el contexto-; sus personajes son expresivos; la ambientación, la atmósfera -tenue, misteriosa, evanescente- no puede resultar más apropiada para la serie; y el tono realista, casi fotográfico de las viñetas representa un cambio de perspectiva curioso respecto al dibujo que tenía la serie, mucho más “tradicional”. Como siempre, preferir uno u otro dependerá de gustos; si me preguntan, pues les digo que me encantan los dos, López y Woodward. Que sean diferentes no significa que sean incompatibles; cada uno en su estilo e parecen dos excelentes profesionales, y supongo que cada uno de ellos será más apropiado para un determinado tipo de historia que el otro.

El segundo de los cambios de los que hablaba al principio hace referencia a la editorial que publicó estos números en Estados Unidos, que ya no es DC, como en los anteriores, sino IDW. David explica en el prólogo algo de lo que se coció entre bastidores y cuáles eran las ideas que tenía para la serie de haber continuado en DC; supongo que ya nunca sabremos qué hubiera ocurrido de haber sido así, y si se hubiera revelado finalmente que Lee era Linda Danvers o no… Tampoco importa demasiado, supongo, mientras la historia sea buena. El caso es que, gracias a que los derechos del personaje pertenecen a sus creadores -una excepción en las series publicadas en DC, aunque éste era, afortunadamente, el caso-, David ha podido llevar a Bete Noire y sus habitantes a un nuevo hogar; la serie continúa publicándose a día de hoy, esperemos que por todo el tiempo que necesite David para contarnos toda la historia que el Ángel Caído y su entorno llevan dentro.

Sobre el contenido del tomo, pues David se dedica a dar un salto en el tiempo hacia adelante… y otro hacia atrás, haciéndonos ver el pasado de Lee, su origen y el por qué está donde está. Muchas son las cosas que ocurren en esta historia, algunas bastante importantes… la trama da un par de giros, y seguramente, a partir de ahora, las cosas no volverán a ser como antes. Y hasta aquí puedo contar…

David ha optado por introducir en la trama del tebeo una trama pseudobíblica algo enrevesada, metiéndose en terrenos algo pantanosos… Hacer estas cosas y no pifiarla demasiado suele ser complicado, y tampoco estoy seguro de que aquí se haya conseguido. Hay algunas cosas que me parecen algo discutibles -no desde el punto de vista de la creencia, sino simplemente desde el punto de vista de la historia en sí-, pero, conociendo al guionista, seguramente tiene pensadas cosas a bastante largo plazo y habrá que ver cómo hace avanzar las tramas y cómo aprovecha el nuevo escenario. Yo seguiré aquí para verlo, providencia mediante.

En fin, que la serie mantiene el interés que para mí tenía, con personajes carismáticos, diálogos bien construidos y una trama y entorno ricos y atractivos. El dibujo es, como mínimo, adecuado y bastante llamativo, y a mi desde luego me ha gustado bastante. Por otra parte, hay que llamar la atención sobre el hecho de que, frente al tratamiento que tuvo la serie en DC -que salió bajo la insignia de DC, pero con la etiqueta mature readers, lo que le dejó en una incómoda tierra de nadie-, aquí el tratamiento es ya descaradamente adulto -tal y como lo entienden los yanquis, esto es, con posiblidad de mostrar desnudos-, lo que supongo que ha redundado en la mejora de la definición argumental, alejada ya de juegos con la identidad de Lee, integraciones posibles en el universo superheroico de la casa de Superman, Batman y Wonder Woman y demás zarandajas. Esperemos que la colección continúe por el buen camino.

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