ACERCA DE IRON MAN: EXTREMIS, de Warren Ellis y Adi Granov.
Publicado por Mon Petit Renard en Julio 18, 2007

En la vida de Tony Stark se plantea un reto que va a obligarle a replantearse seriamente cuál es su identidad, su status y, sobre todo, su auténtico cometido. Ciertas contradicciones inherentes a su situación se ven agravadas hasta quedar expuestas de manera evidente y, llegados a cierto punto, nuestro protagonista deberá tomar decisiones difíciles y tratar de salir airoso. Ni que decir tiene que lo conseguirá -la alternativa sería una lápida-, no sin mantener una doble lucha (con un enemigo externo y, tal vez de forma más temible, consigo mismo). El resultado tendrá sus consecuencias, y se generarán algunos cambios de cierta relevancia. Una trama general presentada en multitud de historias del género, algunas de grato recuerdo para los aficionados, y un recurso recurrente de cara a los relanzamientos o intentos de redefinición de los personajes en este contexto. Que es parte de lo que pretende este cómic con Iron Man.
Ahora bien, más allá de este esquema, necesario para articular la trama, el tebeo plantea toda una serie de elementos cercanos a la ciencia ficción, concretamente, a las temáticas cyberpunk y reminiscentes de autores como J. G. Ballard. Hay, de hecho, un referente que me parece ineludible: Crash, delirante historia maravillosamente adaptada por David Cronenberg, cineasta que también tiene puntos de contacto con la obra de Ellis. Tenemos, en efecto, la transformación del hombre por la tecnología, metamorfosis de la carne -expuestas con bastante crudeza-, accidentes de coche, asesinatos con gran variedad de mutilaciones, quemaduras, aplastamientos… y etc.
Por supuesto, nada de esto es, en principio, gratuito. Ellis plantea una reflexión general sobre la ciencia y la técnica y sus impactos sobre la sociedad y el mismo ser humano. Los estudios CTS, concretamente los de percepción pública de la ciencia y la tecnología, suelen arrojar resultados que reflejan niveles altos de incertidumbre, manteniéndose por lo general casi a la par la confianza y la desconfianza en los resultados de la tecnociencia. Esta ambigüedad de facto se traslada a la narracion de Ellis. La apertura de los marcos de incertidumbre queda, creo, excelentemente planteada con una de las premisas básicas del cómic: la necesidad de evolución constante. Llegada la máquina hasta ciertos óptimos que dificultan pasos ulteriores no queda más remedio que volver la vista hacia la carne, y buscar una fusión maximizadora que, sin embargo, humaniza el mecanismo a costa de deshumanizar la vida, o viceversa.
Esta premisa me resulta, sin embargo, problemática para una historia de Iron Man que se quiera alojada en su continuidad “normal”, siempre y cuando se quiera ser consecuente. Si la evolución y el cambio son constantes, y ciertos pasos no tienen vuelta atrás, entramos en una espiral de crecimientos acumulativos que, sin demasiado tardar, convertirían al personaje en algo demasiado poderoso, demasiado inhumano -”ahumano” sería mejor decir, si se pudiera-. La Cosa del Pantano de Alan Moore, por poner un ejemplo, llegó a un punto en el que era tan poderosa - y “ahumana”- que sus historias difícilmente podían narrar nada cercano. Personajes como el Espectro tendrían este problema ya de partida. Algo así temo que pudiera pasarle a nuestro Tony Stark (y sí, Neil Gaiman solventó muy bien el jugar con sus Eternos… a base de convertirlos en more human than human o en hacer girar las historias sobre cualquiera menos ellos).
Muy relacionado con lo anterior está el hecho de que matar sea una opción para el personaje. No sé si ésta es una innovación de Ellis o venía de antes, pero aquí le vemos aniquilando a 50 personas en su primera aparición con la armadura, y, ya en el presente, volándole la cabeza -literalmente- a otro ser humano en un momento en el que no parece ya en absoluto necesario. Y después de haber amenazado con hacerlo, lo cual implicaría cierta premeditación. Repito algo que ya comenté en su momento a propósito de los Ultimates: esto ya no son superhéroes tal y como los hemos conocido hasta ahora, sino, por así decir, metahumanos. ¿Se trata de una “evolución” del género? ¿Podemos seguir hablando, en realidad, de género común? En fin, éstas son preguntas para quien tuviera interés en responderlas.
Ahora bien, si sumamos posibilidad de matar y aumento exponencial del potencial destructivo, nos encontramos con un Iron Man que, si quiere encontrar retos, deberá enfrentarse a supervillanos -¿metavillanos?- cada vez más poderosos, con un Tony Stark cada vez más… alienado. Y entonces el tebeo podría pasar a llamarse The Authority, o el guiñol de la destrucción y aniquilación masiva.
Hay muchos más subtemas y aspectos que podría comentar (los usos militares y civiles de la tecnología, lo discutible del desenlace, la política corporativa y los estados postpolíticos, la cuestión del género en la investigación científica, y, vaya, pero si este tebeo también lo dibuja alguien y no he dicho ni una palabra de eso… pues ya está, etc.), pero baste con lo dicho. Por lo demás, se me concederá que, mejor o peor, el tebeo da para hablar a propósito del mismo.
Concluyendo, en mi opinión esta historia funciona estupendamente como historia absolutamente independiente y cerrada del personaje, y menos como relanzamiento o redefinición del mismo. En efecto, no necesitamos, en principio, saber nada de él para entender la historia -pocos tebeos he leído yo de Iron Man, sobre todo de los últimos años…- pero, todo hay que decirlo, tampoco he sentido la necesidad, al terminar el cómic, de querer saber qué le ocurrirá a partir de ahora. Una historia, pues, que no requiere un antes, pero que quizá tampoco solicite un después.
Sigue un diálogo con Yorkshire, entre otras cosas, en Dossier Iron Man: Extremis.
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