CATWOMAN 4, de Will Pfeifer y Pete Woods.
Publicado por Mon Petit Renard en Abril 25, 2007

Tenía mis dudas sobre si continuar con esta serie tras la buena impresión dejada por la etapa, ya finalizada, de Ed Brubaker en el título. Algunas cosas leídas por aquí y por allá sobre lo que ha sido el devenir de la gatita desde entonces, no sólo no me parecían especialmente halagüeñas, sino que hay al menos tres cosas, tres cambios de gran importancia que afectan gravemente al personaje -que no diré por ser spoiler-, que han conseguido que me disgustara con el rumbo que, al parecer, ha tomado la serie en su actualidad yanqui. Son cosas que guardan relación con el nuevo tono imprimido al Universo DC desde Crisis de identidad, más oscuro, deprimente y sanguinario; algo que, sin duda, está agradando a muchos aficionados, pero que a mí no me convence, por lo menos no cuando se aplica a personajes con una imagen tan icónica y con una tradición tan consolidada -o eso pensaba yo- como los presentes.
Por lo que hace a la historia del tomo en cuestión, tenemos las primeras cinco partes del primer arco argumental escrito por Will Pfeifer en el título. Hay que hacer mención de que Planeta se ha saltado nada menos que seis números de la serie regular entre este tomo y el anterior, a lo que habría que sumar los tres que formaban parte del crossover “Juegos de guerra”. Con esto hacen nueve números que han quedado fuera de la edición española de la serie, quedando seis de ellos, además, inéditos aquí (seis fill-ins, al parecer… pero que tal vez algún coleccionista echará en falta).
Del dibujo se encarga Pete Woods, artista que no conocía y que ha sido una grata sorpresa. Tiene un estilo límpido, personal y definido, es un buen narrador, hábil con la caracterización de personajes, variado con las composiciones de página… un gran dibujante, en suma. Eso sí, no puedo evitar seguir echando de menos el estilo cartoon que tuvo la serie de la felina en sus mejores momentos, cómo no, en la etapa de Brubaker.
Por lo que hace a la historia, no podía comenzar de peor modo: Silencio, el villano del universo batmaniano, convence a Catwoman para que robe algo para él… una situación bastante absurda, cuando no increíble, en la que las motivaciones de uno y otra para hacer lo que hacen son poco menos que ridículas y una mera excusa para que quede libre “algo” que, a continuación, desaparece… y que “sospecho” que algo tiene que ver con el cliffhanger con el que termina el tebeo, en apariencia espectacular, pero de resolución demasiado obvia. Aunque quién sabe, igual Pfeifer nos sorprende…
En otro aspecto, los secundarios que Brubaker introdujo y manejó tan brillantemente pierden protagonismo en esta historia, a excepción del hijo de Slam Bradley, metido en una “misión policial” con un planteamiento algo traído por los pelos. Veremos cómo se resuelve.
Por la parte positiva, además del excelente dibujo tenemos a unos personajes tan buenos que muy torpe o malintencionado tendría de ser un guionista para hacerles perder totalmente la magia que arrastran consigo. Siempre es un placer ver a Catwoman saltando por los tejados de la nocturna Gotham, luchando con ese inimitable estilo suyo y conversando con alguno de los personajes del rico elenco que la rodea -comenzando por Batman, con el que tiene uno de los momentos más destacables del tomo-. Además, el tebeo se lee con fluidez, resulta entretenido y, si se pasa de puntillas por ciertas cosas que, repito, considero algo discutibles, no deja una mala impresión.
En suma, un tebeo que no está del todo mal, sobre todo si uno trata de no compararlo con la etapa anterior, con una historia entretenida y un dibujo más que destacable.
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