Tetebeos

Blog sobre comics.

Archivos para Abril, 2007

SLEEPER: El largo camino a casa, de Ed Brubaker y Sean Phillips.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 30, 2007

Cuarto y último tomo de esta excelentísima serie, de cuya tercera entrega hablamos hace muy poco aquí. Dado que ya se trató allí sobre algunos aspectos generales del tebeo, tan sólo queda dejar un par de breves apuntes sobre ésta, su conclusión.

En primer lugar, si la relación entre Holden Carver y Miss Misery había jugado un papel de importancia creciente en la serie, en estos episodios es prácticamente central. Hay, de hecho, un número dedicado a la monstruosa femme fatale que pone los pelos de punta, y su comportamiento es, pese a lo despreciable, de una coherencia asombrosa, paradigma del conductismo.

Por otro lado, Brubaker consigue mantener durante prácticamente todos los episodios la tensión y la incertidumbre respecto a qué va a ocurrir, cómo se van a desarrollar los diferentes planes puestos en marcha -principalmente, el de Holden-, y, muy en especial, cuál va a ser el destino final de los diferentes personajes. La espiral de violencias, mentiras y traiciones que ha sido el plano sobre el que se han desarrollado todos los movimientos de los diferentes personajes alcanza un punto central, y en ese vórtice, en ese acontecimiento crucial, todos y cada uno de ellos alcanzan un destino, en el sentido de que marcará un antes y un después, un cambio cualitativo en sus existencias… Quienes continúen en ellas, se entiende. Que no serán todos, como era más o menos de prever.

Destacar, finalmente, la excelente resolución de la historia, o así me lo ha parecido. Pese a que Brubaker ha conseguido algo bastante difícil, que llegara a apreciar a unos personajes que son, a fin de cuentas y en el mejor de los casos, asesinos, un final más o menos “feliz”, sin catarsis final, hubiera sido, además de poco coherente, de un cinismo casi insoportable. Encontramos en cambio una conclusión algo deprimente, pero ajustada a lo que ha sido la trayectoria de los diferentes personajes y de la trama en general. Y es gracias justamente a este meritorio final que esta serie, en mi opinión, se confirma como una de las mejores obras de su autor y uno de los mejores tebeos de su género publicado en los últimos años. No es un tebeo edificante, es muchas veces desagradable, amoral y terrible; pero es también una historia narrada con un pulso magistral y unos personajes brillantes, llena de tensión y suspense, y tiene un dibujo que difícilmente podría ser más adecuado. Y tal vez no debería gustarme… pero me encanta, qué vamos a hacerle.

Publicado en DC, Wildstorm | 2 Comentarios »

HYPOCRITE: Cómo descodificar el Atircopih, de Jean-Claude Forest.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 28, 2007

Qué delirio pop más bonito, o eso me ha parecido. Desde la preciosa portada hasta la última viñeta, encontramos en este tebeo una sucesión de ideas delirantes, juegos de palabras absurdos, situaciones imposibles y personajes excéntricos; todo es juego, diversión liviana, tornillería floja y espontaneidad descocada. Y, como todos los juegos, requiere entrar en su dinámica para poderlo disfrutar; no será éste el caso, conviene avisar, de lectores con determinadas expectativas o exigencias de lectura, comenzando por la coherencia y la plausibilidad -las cuales brillan, por si no ha quedado claro, por su ausencia-.

El dibujo irá con gustos, como siempre; a mí me encanta. Descaradamente naif, sencillito y hasta un poco infantiloide, Forest inunda literalmente de viñetas cada plancha, y rellena cada viñeta con personajes y más personajes, fondos generalmente poco detallados o casi inexistentes y una ambientación fantástica, donde siempre hay objetos extraños y gente o seres más extraños todavía. La estructura de la página es bastante monótona, casi siempre con cuatro tiras horizontales con número de viñetas variable. Casi como una recopilación de tiras de prensa, que fue como, según he leído por ahí, comenzó la serie; aunque esta historia en particular se publicó en la revista Pilote.

Mención aparte para el color, añadido ad hoc por Fanny Dalle-Riva y Eric Bricka. Resulta bastante plano y poco coherente; podemos ver cómo la piel de los personajes, por ejemplo, tan pronto tiene un tono rosado más o menos realista, como adopta un color verde, blanco, amarillo, azul o naranja. El efecto me resulta muy interesante, y refuerza la sensación de artefacto pop, de delirio de colorines y neuronas sueltas.

Sobre la historia en sí, me parece que es inútil tratar de describirla; Hypocrite, la heroína del título, va pasando por una serie de aventuras a las que se van sumando personajes a cual más peculiar, y hay constantes giros argumentales, pasando de una cosa a otra sin solución de continuidad. Los juegos lingüísticos que aparecen de manera casi constante en los interminables diálogos hacen pensar que el traductor habrá tenido sus dificultades, y es difícil saber, sin haber leído el original, cuánto se ha perdido, inevitablemente, por el camino.

La edición me parece algo discutible. Tiene un tamaño álbum, cosa que requiere -ya digo que tiene muchísimas viñetas por página, aunque tampoco es un dibujo especialmente detallista-, la calidad del papel y la impresión es excelente y no he encontrado ningún error destacable. En la contra tenemos un precio a todas luces desproporcionado, por no decir absurdo; casi veinte euros por un álbum que ni siquiera tiene tapa dura. Supongo que en Glénat asumen que los posibles compradores de este álbum nos haremos con él por puro capricho, y por capricho al que no dolerán prendas.

Según parece, se han llegado a editar cuatro álbumes con las psicoandanzas de Hypocrite, y el que nos ocupa es cronológicamente el segundo. Tendremos que cruzar los dedos para ver los otros tres por aquí, supongo; tengo mis dudas sobre si un producto tan descaradamente lisérgico y setentero encontrará público suficiente. Si los terminan sacando, volveré a picar, seguro. Siempre es bueno encontrar a alguien con quien compartir la medicación.

Publicado en BD | 3 Comentarios »

CATWOMAN 4, de Will Pfeifer y Pete Woods.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 25, 2007

Tenía mis dudas sobre si continuar con esta serie tras la buena impresión dejada por la etapa, ya finalizada, de Ed Brubaker en el título. Algunas cosas leídas por aquí y por allá sobre lo que ha sido el devenir de la gatita desde entonces, no sólo no me parecían especialmente halagüeñas, sino que hay al menos tres cosas, tres cambios de gran importancia que afectan gravemente al personaje -que no diré por ser spoiler-, que han conseguido que me disgustara con el rumbo que, al parecer, ha tomado la serie en su actualidad yanqui. Son cosas que guardan relación con el nuevo tono imprimido al Universo DC desde Crisis de identidad, más oscuro, deprimente y sanguinario; algo que, sin duda, está agradando a muchos aficionados, pero que a mí no me convence, por lo menos no cuando se aplica a personajes con una imagen tan icónica y con una tradición tan consolidada -o eso pensaba yo- como los presentes.

Por lo que hace a la historia del tomo en cuestión, tenemos las primeras cinco partes del primer arco argumental escrito por Will Pfeifer en el título. Hay que hacer mención de que Planeta se ha saltado nada menos que seis números de la serie regular entre este tomo y el anterior, a lo que habría que sumar los tres que formaban parte del crossover “Juegos de guerra”. Con esto hacen nueve números que han quedado fuera de la edición española de la serie, quedando seis de ellos, además, inéditos aquí (seis fill-ins, al parecer… pero que tal vez algún coleccionista echará en falta).

Del dibujo se encarga Pete Woods, artista que no conocía y que ha sido una grata sorpresa. Tiene un estilo límpido, personal y definido, es un buen narrador, hábil con la caracterización de personajes, variado con las composiciones de página… un gran dibujante, en suma. Eso sí, no puedo evitar seguir echando de menos el estilo cartoon que tuvo la serie de la felina en sus mejores momentos, cómo no, en la etapa de Brubaker.

Por lo que hace a la historia, no podía comenzar de peor modo: Silencio, el villano del universo batmaniano, convence a Catwoman para que robe algo para él… una situación bastante absurda, cuando no increíble, en la que las motivaciones de uno y otra para hacer lo que hacen son poco menos que ridículas y una mera excusa para que quede libre “algo” que, a continuación, desaparece… y que “sospecho” que algo tiene que ver con el cliffhanger con el que termina el tebeo, en apariencia espectacular, pero de resolución demasiado obvia. Aunque quién sabe, igual Pfeifer nos sorprende…

En otro aspecto, los secundarios que Brubaker introdujo y manejó tan brillantemente pierden protagonismo en esta historia, a excepción del hijo de Slam Bradley, metido en una “misión policial” con un planteamiento algo traído por los pelos. Veremos cómo se resuelve.

Por la parte positiva, además del excelente dibujo tenemos a unos personajes tan buenos que muy torpe o malintencionado tendría de ser un guionista para hacerles perder totalmente la magia que arrastran consigo. Siempre es un placer ver a Catwoman saltando por los tejados de la nocturna Gotham, luchando con ese inimitable estilo suyo y conversando con alguno de los personajes del rico elenco que la rodea -comenzando por Batman, con el que tiene uno de los momentos más destacables del tomo-. Además, el tebeo se lee con fluidez, resulta entretenido y, si se pasa de puntillas por ciertas cosas que, repito, considero algo discutibles, no deja una mala impresión.

En suma, un tebeo que no está del todo mal, sobre todo si uno trata de no compararlo con la etapa anterior, con una historia entretenida y un dibujo más que destacable.

Publicado en DC, Universo DC | 3 Comentarios »

HULKA 3: El mejor momento de su vida, de Slott, Bobillo y otros.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 23, 2007

Tercera entrega de esta nueva etapa de las aventuras de la amazona esmeralda, en un tomo que contiene los cinco primeros números del volumen 4 de la serie norteamericana. Todos los episodios están escritos por Dan Slott, mientras que Juan Bobillo se encarga del dibujo de los números 1, 2, 5 y parte del 3. El 4 tiene el arte de Scot Kolins, mientras que el tercer episodio es un especial -el número 100, sumando todos los volúmenes de la serie de Hulka- que cuenta con una pléyade de artistas invitados.

Después de cierto cambio de tono en el arco argumental con el que terminó el anterior volumen -con el antagonismo entre Hulka y Titania de protagonista y más típicamente superheroico-, Slott parece recuperar en estos episodios las tramas de juzgados y, sobre todo, el sentido del humor que habían caracterizado el principio de su etapa. En ello tiene un gran aliado en los lápices de Bobillo, quien no parece haber convencido a algunos lectores -tiene un trazo, reconozcámoslo, muy peculiar y diferente de lo acostumbrado en el medio-, pero que al menos a mí me parece un dibujante muy apropiado para esta serie en particular: su estilo semicaricaturesco y su habilidad para dotar de expresión a los personajes le vienen como anillo al dedo al tono que Slott imprime a los guiones. Supongo que no fue casualidad que la llegada de Pelletier, al final del anterior volumen, supusiera una rebaja precisamente en el aspecto humorístico.

Quien haya leído los tomos anteriores sabrá ya del estilo que usa aquí Dan Slott, el cual escribe un tipo de historia plenamente enmarcada en la continuidad del universo marvel, de la que es un gran conocedor, y con un regusto clásico, fiel a los cánones del género superheroico. Nada nuevo bajo el sol, claro está, pero cuando todo el mundo parece querer desmarcarse de las líneas marcadas desde los 60 en el género y generar “revoluciones” a base de epatamientos de guiñol, resulta que lo que va contracorriente es lo supuestamente reaccionario, aunque sólo sea por la soledad en la que se está. En fin, en todo caso es de agradecer que haya variedad. Si queremos metahumanos enviando carne a la picadora, tenemos cómics para ello. Y si queremos superhéroes nobles, con sus problemillas y debilidades, claro, pero superhéroes al cabo, bueno, tenemos a Slott.

Otro de los rasgos destacables, en mi opinión, es la cantidad de juegos metalingüísticos que aparecen en el tebeo. Slott encuentra la manera de dar su opinión sobre un buen montón de cuestiones, en torno a la actualidad del género superheroico, de un modo que se integra en la trama del tebeo sin romperla, pero constituyendo obvios guiños para el aficionado. Esto le hace ser una serie un tanto endogámica, pues alguien ajeno, no ya a los tebeos de superhéroes, sino al inner circle más friki del mundillo no será capaz, en muchos casos, de pillar ciertas referencias con intención crítico-humorística. Eso sí, a los que nos gusta el estilo de Slott y tal vez algo menos cierto tipo de narración que el guionista pone en el blanco de sus pullas tenemos un aliciente extra.

Para no extenderme: si leíste y te gustaron los dos volúmenes anteriores, en especial el primero, éste no creo que te defraude. Si no lo has hecho todavía, y eres aficionado al género, es probable que ya sepas de sobra de qué va, y raro sería que alguien no te haya recomendado su lectura. Estilo clásico, tono de comedia ligera, números que cunden en su lectura y que se preocupan por contarte cosas en cada episodio: no es una obra maestra, ni la “gran esperanza blanca” del género de superhéroes, ni siquiera ha gustado -obviamente- a todos los aficionados; pero a muchos nos ha resultado un tebeo entretenido, contado con oficio y honradez, con un dibujo adecuado y la única pretensión de hacernos pasar un buen rato siguiendo las andanzas de un personaje por el que pocos hubieran dado un duro de encontrarse en otras manos.

Publicado en Marvel | 5 Comentarios »

Promethea, de Alan Moore y J. H. Williams III.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 22, 2007

Después de unas andanzas editoriales de lo más irregular en nuestro país, parece que por fin veremos recopilado de forma íntegra y en un mismo formato este singularísimo tebeo, en la edición de Norma Editorial. Recordemos que los 12 primeros números fueron editados aquí por Planeta de Agostini en formato grapa, a los que siguieron 4 tomos que recopilaban los 15 números siguientes hasta llegar al 27 de la edición norteamericana. Si tenemos en cuenta que la serie terminó su andadura en el número 32, esto nos deja apenas cinco números inéditos que supongo no tardaremos mucho en ver por aquí.

Aparte de la serie original existe una historieta corta con un personaje secundario de la serie en el Especial America´s Best Comics, también editado en España. En Estados Unidos se ha editado, además de los recopilatorios con la serie original, un cuaderno con las portadas y un breve comentario de J. H. Williams III. Un capricho, vamos.

Los serie está escrita, obviamente, por Alan Moore, y J. H. Williams III se encarga del dibujo de portadas e interiores de toda la obra, con el entintado eficiente de Mick Gray y el color infográfico de Jeromy Cox. José Villarubia ha aportado su arte en algunos episodios, y Alex Ross realizó una de las dos cubiertas que tiene el primer número.

Si no han leído nada de esta serie será difícil conseguir transmitirles un poco de qué va. Quien haya seguido algo la trayectoria profesional y personal de Moore ya sabrá de sus coqueteos con la magia y lo oculto, y parece ser que decidió utilizar este cómic para volcar la mayor parte de sus inquietudes al respecto. Se trata de un tebeo, advirtámoslo desde un principio, bastante esotérico aunque, a la vez, accesible; un cómic “para todos y para ninguno”, por si les suena. Moore y Williams III aprovechan para realizar todo tipo de experimentos verbales, visuales y metalingüísticos, de tal modo que cada página de cada número es absolutamente única. Prácticamente cada episodio tiene sus propias coordenadas narrativas y estéticas, sin solución de continuidad, sorprendiendo al lector cada vez que pasa la página; la serie recuerda un caleidoscopio, mutando constantemente, aunque con una coherencia interna y una perfectibilidad en ese probable caos que no puede ser suficientemente bien ponderada en unas pocas líneas. En mi modesta opinión, un auténtico placer para los sentidos y el intelecto, e incluso, para ese “sexto sentido” que quedaría más allá, en los reinos de la Inmateria.

La historia gira alrededor de un mito encarnado, Promethea, capaz de tomar un avatar cuando un ser humano simplemente inventa sus historias. Pero esto, en uno de los interminables niveles y metaniveles superpuestos en el discurso de la serie, no es más que la excusa, la máscara que toma Moore para llevar al lector de la mano por una auténtica iniciación a la magia, plagada de hitos, de ritos de paso, de hechizos y conjuros, de enseñanzas de sabiduría antigua y moderna, trabajos y penalidades, pero también gratificaciones e iluminación.

Ahora bien, no se piensen que tras toda esta trascendentalidad Moore ha olvidado cómo contar una buena historia y entretener a sus lectores. Sus personajes respiran como sólo Moore sabe hacerlos respirar, y sus cuitas y sus líos nos tendrán pendientes de un hilo durante toda la serie. La trama se va subdividiendo, poco a poco, en un millar de pequeños fragmentos repartidos entre los diferentes caracteres, fragmentos que, de manera casi increíble y a todas luces brillante, terminan encajando al final; el relojero de Watchmen se supera a sí mismo.

Moore y Williams III crean, además, todo el escenario a su antojo. Desde el mundo en el que habitan “terrenalmente” los personajes, situado en algún punto del futuro, hasta los interminables de la Inmateria y alrededores, un universo inagotable se abre ante el lector. La cantidad de detalles que inundan las páginas, y que van dando pistas que ayudan a contextualizar todo lo que va ocurriendo, es realmente asombrosa. No es un tebeo cuyas historietas se despachen en cinco minutos, menos aún si uno quiere entretenerse descubriendo la cantidad de mensajes que esconden las viñetas. Correlativamente, en la relectura objetos, escenarios, personajes que podían habernos pasado desapercibidos cobran nuevo sentido.

Hay que alabar especialmente la labor del dibujante. Las capacidades de Moore son más que conocidas, pero pocas veces ha tenido la fortuna de poder contar con un artista tan adecuado para alguno de sus proyectos. Promethea podría haberla dibujado otra persona, pero es difícil pensar en alguien con mayor imaginación visual, recreación en el detalle, sentido estético y narrativo, minuciosidad, perfeccionismo… cada página podría enmarcarse. En las portadas encontramos, por su parte, una miscelánea de homenajes a todo tipo de artistas (Van Gogh, Frazzetta, Mucha…) y experimentos visuales. Vale la pena hacerse con el cuadernillo que les comentaba antes, que poderlas contemplar en sucesión una detrás de otra es una auténtica maravilla.

Dado que no se ha publicado aún aquí, les comento que el último número, el 32, contiene el que quizá sea el experimento más ambicioso de los llevados a cabo en la serie. El número puede leerse de manera convencional, de la primera a la última página; pero es que si se separan las páginas retirando las grapas del comic-book pueden formarse, uniendo las páginas siguiendo cierto orden, dos posters, uno por cada cara de las hojas. Esa es la razón por la que es el único número americano que tengo en grapa… y porque un amigo muy querido me lo quiso regalar. Antes de que se lo pregunten: en la recopilación en tomo, dado que no resultaría muy factible desencuadernarlo para poder montar el póster, se ha optado por incluir el cómic en el lugar correspondiente y, al final del volumen, incluir un espectacular desplegable con las dos imágenes resultantes de juntar las páginas de uno y otro lado. No es tan vistoso como con la grapa, pero hay que reconocer que es bastante más práctico.

En conclusión, se trata sin duda de una obra muy personal, tan compleja como ambiciosa, merecedora de interminables adjetivos y, qué duda cabe, no será tampoco plato de todos los gustos. Es de esas series que quizá convenga conocer un poco a la persona antes de recomendarla… en todo caso, si la trama por algún motivo no llega a convencer, yo invitaría a cualquier lector a que, como mínimo, ojeara algún ejemplar. Pero no pasando rápidamente las hojas, sino tratando de centrar la visión en cualquiera de las páginas, y no pasarla hasta haber “enfocado” bien las imágenes. Si ni por ahí le entra, mejor desistir de ello. ¿Recuerdan el final de la Ética de Spinoza?

A mí Promethea me tiene enamorado. Cada vez que miro sus viñetas sueño que soy yo el que inventa nuevas historias para mi niña.

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Catwoman: la etapa de Ed Brubaker.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 21, 2007

Hacemos en lo que sigue un repaso a la excelente etapa del guionista Ed Brubaker a cargo de la serie Catwoman, acompañado por los artistas que se listan a continuación. Se sigue el orden de los tomos tal y como han sido editados en nuestro país, entre mayo de 2003 y marzo de 2007:

-Catwoman: El lado oscuro de la calle, dibujo de Darwyn Cooke. Norma Editorial,
-Catwoman: Malas calles, dibujo de Brad Rader, Michael Avon Oeming y Eric Shanower. Norma Editorial.
-Catwoman: Sin tregua, dibujo de Cameron Stewart. Norma Editorial.
-Catwoman: Caer no es fácil, dibujo de Javier Pulido. Norma Editorial.
-Catwoman 1, dibujo de Cameron Stewart. Planeta de Agostini.
-Catwoman 2, dibujo de Paul Gulacy. Planeta de Agostini.
-Catwoman 3, dibujo de Paul Gulacy, Diego Olmos y Sean Phillips. Planeta de Agostini.

Se incluye también un comentario del especial Catwoman: El gran golpe, de Darwyn Cooke, como complemento de la etapa. Quedan por comentar los tres números que forman parte del crossover “Juegos de guerra”, publicados en tomos aparte de los aquí listados.

Catwoman: El lado oscuro de la calle.

Incluye los 4 primeros números USA de Catwoman (vol. II) además de una especie de prólogo que se publicó en forma de complementos en Detective comics. Los guiones son de Brubaker, y el dibujo corre a cargo de Darwyn Cooke, con entintado en algún episodio de nada menos que Mike Allred.

La historia comienza con los citados complementos, cuatro historietas de ocho páginas cada una que cuentan la búsqueda del detective Slam Bradley, personaje que tendrá su importancia de aquí en adelante, de la desaparecida Catwoman. Es un comienzo excelente, lleno de tópicos de serie negra, intrigante y muy bien contado. El hecho de hacerlo desde la perspectiva del detective consigue rodear de misterio e interés la figura de Selina, devolviéndole parte de ese halo de femme fatale a la vieja usanza, lleno de glamour, sensualidad y ciertas ambivalencias que, desde el nuevo origen que Miller le dio al personaje -en mi modesta opinión, lo más desafortunado que hizo éste en el universo de Batman- parecía haber perdido.

A continuación, tenemos los cuatro primeros números de la serie regular, renumerada para la ocasión en esta auténtica revamp de la gatita. Juntos forman el arco argumental titulado aquí Anodino, y cuya tarea principal es la de asentar el nuevo status de Selina, rodearla de un grupo sólido de secundarios y poner el primer ladrillo en una historia que se alargará hasta la última historia publicada en nuestro país.

Por lo que hace a Selina, la encontraremos en plena crisis de identidad, tratando de definir quién es y qué quiere hacer con el resto de su vida. Su encuentro con Holly Robinson, una antigua amiga, además de ciertos acontecimientos, hacen que el rol de Catwoman sea encaminado hacia la defensa de los elementos más débiles de la sociedad de Gotham, los habitantes del East End, particularmente, las prostitutas, las cuales están siendo víctimas de un asesino en serie. Leslie Thompkins, que regenta una clínica de beneficiencia en el lugar, le ayudará puntualmente en su cometido.

Así pues, esta historia concede una razón de ser, una misión al personaje, comenzando además a definir su personalidad y sus relaciones con otros secundarios, incluyendo a Batman, que también hace su aparición en algún momento. Por lo demás, el tomo resulta bastante entretenido, y nos da una pista de lo que es capaz Brubaker como escritor. Además de los diálogos, fluidos y siempre relevantes, utiliza textos de apoyo que forman una narración en off, en la primera historia con Bradley de protagonista, y Catwoman en la segunda, siguiendo un estilo muy de serie negra. De este modo podemos penetrar mejor en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas de cada segmento.

Mención aparte para el excelente dibujo de Cooke. Un tanto cartoon, muy expresivo y con una excelente narrativa, tiene un tono más que adecuado para la historia que se cuenta. Las portadas y splash pages nos dan, además, la medida de sus dotes como ilustrador. No faltan los homenajes, como el que dedica a la clásica historieta de EC Master Race en la página 60 del tomo. Aunque a más de uno puede, a priori, no gustarle demasiado el estilo -un tanto inhabitual en el género de pijamas, todo hay que decirlo- merece darle una oportunidad; es probable que termine convenciendo a más de un lector reticente.

En resumen: un tebeo excelente por sí mismo, bien escrito, entretenido y visualmente expresivo y dinámico. Sin embargo, lo mejor está por llegar…


Catwoman: El gran golpe.

Entre el primer y el segundo tomo recopilatorios de la serie regular de Catwoman nos encontramos con esta historia, publicada originalmente en tomo, obra de Darwyn Cooke en solitario. Podemos observar aquí la habilidad de este autor también como guionista, faceta en la que, en mi opinión, no brilla tanto como en la de dibujante.

La historia se publicó con posterioridad a la etapa de Brubaker y Cooke en la serie regular de la felina, pero tiene lugar, en la cronología del personaje, antes de aquella. Es el periodo en el que Catwoman estaba supuestamente muerta, con lo que Selina apenas usa el traje en esta historia. Los hechos enlazan con los de la serie regular -incluyendo la aparición de Sam Bradley-, y viene a servir de complemento a aquella. De todos modos, se puede leer de manera independiente.

Cooke plantea la trama como si de una película de ladrones de gran estilo se tratase. Tenemos todos los elementos para ese “gran golpe” que anuncia el título: un plan, reclutamiento de profesionales en la materia, intereses siniestros, traiciones, acción y épica, un final dramático… Sin embargo, algo me falla en la ecuación. Tal vez sea que, en comparación con el trabajo de Brubaker -y aquí es ineludible- el guión de Cooke me parece más flojo. Quizá es que es, justamente, en exceso tópico. O igual es que, dejando de lado a Selina y Slam -y esto quizá sea, de nuevo, más mérito de Brubaker que otra cosa-, no conseguí implicarme con ninguno de los personajes que Cooke nos presenta en la historia. Sea por lo que fuere, se trata de un tebeo que, sin parecerme malo, no me pareció demasiado destacable. Algo parecido me ocurre con otro tebeo escrito por Cooke, The New Frontier, cuyo guión encuentro correctísimo, sin tacha, pero que por algún motivo no termina de llegarme. Eso sí: tanto uno como otro se benefician del excelente dibujo de Cooke, algunas de cuyas virtudes ya he destacado en la entrada anterior. Y hablando de dibujo, el tomo incluye una serie de ilustraciones a cargo de Mike Mignola, Michael Allred, Jim Steranko -mi favorita-, Adam Hughes, Daniel Torres, Jaime Hernández, Shane Glines y Kevin Nowlan.

En resumen: una historia que no me motiva en exceso, sin que pueda decir en absoluto que esté mal escrita, con un dibujo y una narrativa que, en mi opinión, justifican suficientemente su compra. Con todo, una lectura entretenida y que hace suficiente justicia a un personaje que, bajo los guiones de Ed Brubaker, ha vivido sin duda una de las mejores etapas de su historia.


Catwoman: Malas calles.

Incluye los números 5 a 10 USA y el especial Catwoman: Secret Files & Origins 1 USA. Los guiones están escritos, cómo no, por Ed Brubaker y las portadas son obra de de Paul Pope, mientras que el dibujo corre a cargo de:

-Brad Rader, entintado por Cameron Stewart y Rick Burchett, en los episodios de la serie principal.
-Michael Avon Oeming en el episodio de Secret Files & Origins, con entintado de Mike Manley.
-Eric Shanower, en la historieta de dos páginas que apareció en el tebeo que se acaba de citar.

Los números de la serie principal cuentan con dos episodios autoconclusivos, el primero y el último de los incluidos en el tomo, y la saga de cuatro números Disfraces entre aquellos. Por lo que hace al primer episodio, titulado La teoría del sudor, cuenta una historia relacionada con el uso de niños como camellos para pasar droga sin levantar sospechas. Selina se implica en una historia relacionada con esto… y, pese a sus buenas intenciones, las cosas no salen como estaba previsto. A destacar el regreso de Slam Bradley a la serie, desde luego uno de los elementos más interesantes de la misma -se nota la querencia de Brubaker por los viejos detectives-, y que los hechos ocurridos en esta historia van a tener consecuencias, y muy graves, más adelante.

Por lo que hace a la historia central, Disfraces, nos permite en primer lugar conocer algo mejor a Holly, la amiga de Selina. Sabremos más cosas de su pasado, conoceremos a su amante, Karon, y la veremos en una situación bastante difícil… Por lo demás, Brubaker nos da toda una lección del mejor cómic de serie negra, con corrupción, drogas, oscuridad y cinismo, pero también lealtad y la voluntad de hacer lo correcto. Lo importante de la trama, sin embargo, son los personajes: el guionista consigue definirlos, principales y secundarios, con una precisión milimétrica, destacando por encima de todo unos diálogos y un planteamiento de situaciones absolutamente brillantes. Uno no puede evitar menos que sentirse atrapado en todo lo que ocurre, y el desarrollo de la trama he podido seguirlo no sin cierta ansiedad, pero también con empatía y con la sensación de estar leyendo un tebeo realmente estupendo. Por cierto, al final de este arco argumental descubriremos al villano detrás de toda la trama… anunciando el terror que está por venir.

 

El número 10 de la serie regular es, como decía, otra historia autoconclusiva que nos muestra cómo su guionista se mueve sin problemas también con un espacio más reducido; quien haya leído Sleeper ya sabrá de su habilidad para contar historias autosuficientes en cada número, por más que se integren en tramas de mayor longitud. Es una historia de manual del buen guionista de tebeos, que sirve para añadir elementos al pasado de Selina y darnos nuevas pruebas del código moral absolutamente sui generis que mueve al personaje. No se pierdan por lo demás, el diálogo que tiene con Bruce Wayne; siempre que el guionista junta a estos dos personajes las viñetas chisporrotean.

 

Al final del tomo se encuentra el episodio de Secret Files & Origins donde, a través de una excusa argumental, Brubaker nos cuenta algunos momentos del pasado de la gatita con bastante gracia, siendo un episodio entretenido que cuenta además con el aliciente del dibujo del curioso Avon Oeming. Y como epílogo, se incluye un guiño a los lectores de la serie en la historieta de dos páginas donde Brubaker nos explica, con sentido del humor y à la Morrison, “Por qué Holly no está muerta”. Toda una delicia, excelentemente dibujada por Eric Shanower.


Por lo que hace al dibujo, Brad Rader hace un buen trabajo, en un estilo cartoon-noir similar al de la serie Aventuras de Batman, algunos de cuyos episodios -en cómic- hemos podido leer por aquí. De todos modos, me parecen bastante mejores los episodios entintados por Cam Stewart que los de Rich Burchett; de lo que es realmente capaz el primero tendremos una buena prueba en el siguiente tomo (y en el primer tomo de esta serie en la edición de Planeta, comentado más adelante, y en el Seaguy que realizó junto a Morrison). A destacar también, ya que no lo había hecho hasta ahora, el color de Matt Hollingsworth, bastante plano y con tendencia a los monocromatismos, y que en esta serie, y con este estilo de dibujo, contribuye a dar con la atmósfera requerida para las historias.

 

Concluyendo: ya con las piezas sobre el tablero, Brubaker deja que sus personajes respiren, se muevan y nos permitan implicarnos en sus vidas. Las tramas, en general, suben un par de peldaños respecto al tomo anterior, mientras que el drama crece en intensidad y se prepara para la gran saga que tendrá lugar en el próximo tomo.


Catwoman: Sin tregua.

Incluye los números 12 a 16 USA de la serie regular de la gatita, que forman el arco argumental con este título. Están escritos por Ed Brubaker y dibujados por Cameron Stewart, con color de Matt Hollingsworth. Las portadas corren a cargo de J. G. Jones.


Ya lo anticipábamos un poco más arriba: Catwoman y los personajes que la han acompañado en esta etapa viven en esta entrega la que probablemente sea su historia más intensa y dramática hasta el momento. Todo lo que aquí ocurre va a tener sus consecuencias en todo el reparto de la serie -consecuencias que serán exploradas en el siguiente tomo-. Brubaker se ha tomado su tiempo, utilizando los episodios anteriores para presentarnos a sus protagonistas, permitiéndonos que nos encariñásemos con los personajes, y encaminando los acontecimientos en forma de crescendo hasta el clímax que tiene lugar en este arco argumental.


Cuando pensábamos que el reparto básico de la serie estaba completo, Brubaker nos presenta un par de nuevos secundarios, llegados directamente del pasado de Selina, que van a tener un papel determinante en esta saga. Una es una mujer con la que tiene un parentesco muy cercano, que aparece por Gotham después de mucho tiempo y que le servirá al guionista, entre otras cosas, para presentarnos una de las escenas más terribles que se han visto en la serie. Dicho sea de paso, es fantástico cómo, tras apenas un par de diálogos, Brubaker es capaz de hacer que nos importe lo que le ocurre a un personaje (y nota… esa empatía, esa implicación con los personajes es lo que más echo en falta en su Capitán América, narración que considero correcta, entretenida y con elementos de interés, pero con cuyos personajes no he conseguido conectar). La otra es también una mujer, una con la que Selina compartió una etapa de su vida bastante turbia, y que desapareció de la vista en circunstancias no muy gratas. En este tomo alcanzará un papel bastante relevante.


El villano de la historia está caracterizado de una manera, creo yo, absolutamente brillante. Su papel es realmente terrorífico y, aunque el personaje en sí mismo no parece a priori gran cosa, Brubaker lo hace sumamente interesante. En la sombra durante buena parte de la historia, cuando haga acto de presencia podremos contemplar algunas de las escenas de mayor impacto que he podido ver en un cómic de la DC en mucho tiempo.


A lo largo de los comentarios a los tomos anteriores creo haber destacado sobradamente la habilidad impresionante del guionista para los diálogos. Pues bien, aquí Brubaker da el do de pecho y se marca unas conversaciones de auténtica antología. Sin reinventar la rueda, sin efectismos banales, tirando de oficio y savoir faire. Esto redunda, obviamente, en la excelente caracterización de personajes, a mi modo de ver, lo mejor de una etapa con muchos puntos brillantes. Quién nos iba a decir que un spin off salido de los alegres 90 y su furor por las bad girls nos daría algún día tan buenos momentos.


Por último, pero no menos importante, el dibujo: en mi opinión, un auténtico recital de caracterización, narrativa, expresividad, dinamismo y buen hacer el que nos ofrece un Cameron Stewart tocado por la mano divina. La historia merecía un tratamiento gráfico acorde a su calidad, y por fortuna esta vez así ha sido. Stewart recoge lo mejor del estilo cartoon de sus predecesores en la serie y lo eleva a nuevas cotas. Más limpio que Cooke e incluso Rader, su dibujo está mucho más detallado que los de estos autores, en especial los fondos, y mantiene, si no supera, sus habilidades narrativas (aunque quizá resulte menos expresivo y carezca de esa plasticidad especial de los dibujos de Cooke… en todo caso, sus estilos son diferentes dentro del parentesco que puedan tener como provinientes ambos del mundo de la animación).


En resumen, nos hallamos ante el arco argumental que culmina esta parte de la etapa de Brubaker con una historia dura, que marcará a todos los personajes y requerirá todavía de un arco argumental, el siguiente, para hacer un análisis, en tono mucho más intimista, de lo que aquí ha ocurrido. Que ha sido mucho, y que ha tenido acción, épica, dramatismo, diálogos brillantes, personajes inolvidables y la sensación de haber compartido con todos ellos un momento crucial de sus existencias de papel. Una de las historias que me hacen recordar por qué me gustan los cómics.

Catwoman: Caer no es fácil.

Con los números 17 a 19 y 11 USA de la serie regular. El guión de los 3 primeros continúa siendo de Ed Brubaker, mientras que se encarga de los dibujos el español Javier Pulido, incluyendo las portadas, y del color Matt Hollingsworth. El número restante está escrito por Steven Grant, dibujado por Brad Rader -con tinta de Mark Lipka y Dan Davis- y color de Lee Loughridge, con portada de Brad ¿Parker?

El número 11 norteamericano es un fill-in, situado fuera de la trama principal, y su publicación fuera de orden no altera la continuidad de la lectura. Se trata, a mi parecer, de una historia correcta, realizada con oficio por sus autores, pero,como suele ser habitual en este tipo de historias, bastante intrascendente e incluso prescindible (si no voy errado, no se incluyó en la edición en TPB de la etapa en Estados Unidos).

El resto de episodios forman el arco argumental Caer no es fácil, donde Brubaker explora las consecuencias de lo ocurrido en el pasado tomo. Se trata de una narración mucho más intimista, que prescinde casi totalmente de acción, y que, cuando la hay, es episódica y supeditada a la reacción de algún personaje. El guionista opta por una vía a la que no estamos muy acostumbrados en este contexto, donde los héroes luchan contra los villanos y, resuelta la batalla, vuelven contra la siguiente amenaza sin mayores problemas. Pero Catwoman no es, a estas alturas ya debe estar claro, una serie de pijamas al uso. Brubaker maneja aquí a sus personajes de ficción con maestría, intercambiando puntos de vista entre ellos sobre una misma situación, permitiéndonos indagar en las diferentes perspectivas con que cada uno de ellos trata de hacer frente a la nueva situación, a las heridas emocionales sufridas en la anterior batalla. El tebeo se asimila mejor al género slice of life que al de superhéroes y vigilantes enmascarados, y a ello contribuye poderosamente el estilo de Javier Pulido. El español se decide por un estilo engañosamente sencillo, de trazo grueso, abocetado y sin concesiones a la resolución y el detalle. Un estilo quizá demasiado “gafapasta” para un tebeo de la DC, y que justamente por ese estar fuera de tiesto sin duda no agradará a ciertos lectores, más acostumbrados a dibujantes más canónicos. Personalmente, a mí Pulido me encanta, y creo que éste es uno de sus tebeos más logrados. Tirando de pinceles gruesos, con una línea que resalta los mínimos necesarios, cede el terreno a la expresión más que a la impresión de las imágenes. Su Selina es tan elegante como minimalista, pero dotada de un encanto especial. Su Catwoman, en cambio, es un borrón, una mancha negra estilizada que fluye, se expande y se contrae por las viñetas como una sombra. Slam es un tipo duro, pero más vulnerable de lo que su fachada pudiera dar a entender. Y Holly es mostrada auténticamente frágil y desvalida. Por lo demás, Pulido se permite experimentar con algunos recursos narrativos que, unidos al modo de estructurar la historia de Brubaker, nos dan como resultado final unos episodios de un tipo realmente infrecuentes en el género, pero que creo consiguen dar en el clavo y concluir brillantemente este ciclo de la etapa.

Catwoman 1 (Planeta).

Incluye los números 20 a 24 de la serie regular y una historieta corta, con Slam Bradley de protagonista y Selina de acompañante, aparecida en el Catwoman: Secret files & Origins nº 1. Por lo que hace a esta última, sería más o menos anecdótica de no ser por cierta revelación sobre Slam que se nos hace al final del episodio, además de mostrarnos, una vez más, que Brubaker se mueve igualmente bien en distancias cortas. Y, ya en los números de la serie regular, encontramos un arco argumental, Viaje salvaje, que, como su nombre indica, nos invita a acompañar a Selina y Holly en su recorrido por algunas de las ciudades más representativas del Universo DC. Así, nuestras protagonistas compartirán su tiempo con Wildcat en Nueva York, incluyendo una lucha contra ¿asesinos ninja egipcios cultistas? Pues sí. Luego tendremos un imposible team-up entre Catwoman y el Capitán Frío en Keystone City… Entre esta ciudad y Opal City las chicas tendrán un encuentro de alta tensión en un bar de carretera, mientras que en Gotham Slam Bradley tendrá sus más y sus menos con Batman (ay, Selina, ¿qué les das?). Ya en la ciudad de Starman, Selina volverá a tener sus más y sus menos con más asesinos ninja… etc., y un interesante encuentro con un personaje (¡otro!) de su movidito pasado. De ahí pasamos a St. Roch, la ciudad de los halcones -Hawkman y Hawkgirl-, donde, Wildcat mediante, estos conocerán a Selina y Holly. En este último episodio sabremos por fin cuál era la motivación secreta de Selina para comenzar el viaje, y encontraremos una serie de escenas que devuelven un poco de paz a unos personajes que han sido bastante maltratados en los últimos tiempos. La relación entre Holly y Selina se muestra más consolidada que nunca, y nuestra gatita muestra ser menos arisca de lo que su apodo da a entender, tal y como la vemos interactuando con personajes tampoco fáciles de tratar como Wildcat, el Capitán Frío o Hawkgirl. Su capacidad para marcar a la mayoría de hombres -y mujeres, por qué no decirlo- que conoce también queda patente a lo largo de las historias. Supongo que todos hemos conocido alguna mujer así…

En resumidas cuentas: un tomo con mucha más acción y variedad de escenarios y personajes que el anterior, pero que no pierde un ápice de intensidad emocional y cuidado en el desarrollo de personajes. El dibujo de Cameron Stewart sigue siendo una auténtica maravilla. En fin, una historia entretenida y adictiva, un auténtico caramelito para todo buen aficionado al Universo DC, a los superhéroes y justicieros enmascarados como género, y a las buenas historietas en general.

Catwoman 2 (Planeta).

Incluye los números 25 a 29 USA, con la novedad destacada del veterano Paul Gulacy a los lápices, Jimmy Palmiotti entintando y Laurie Kronenberg poniendo colorines.

Obviamente, la presencia de un artista como Gulacy imprime un tono radicalmente diferente al estilo que había ido manteniéndose desde que Darwyn Cooke marcara la línea a seguir en el primer número del volumen II norteamericano. Así, del dibujo más o menos cartoon, expresivo, dinámico y algo minimalista que habían seguido, cada cual en su peculiar interpretación, los dibujantes que habían ido pasando por aquí (Brad Rader, Cameron Stewart y Javier Pulido), pasamos al más detallista, fotorrealista y algo estático trazo de Gulacy. Sus limitaciones son bien conocidas (desproporciones, incorrección anatómica, expresiones faciales no siempre bien logradas, perspectivas a veces deficientes, cierta rigidez…), pero se compensan con una página bien trabajada, donde se puede ver que hay una intensa planificación y un interés por completar fondos e incluir elementos con toda la definición que sea necesaria. Personalmente me da la impresión de que Gulacy es mejor diseñando las viñetas que llevando a cabo el dibujo final. Se nota que busca hacer un dibujo vistoso mediante la variedad de planos y perspectivas y la composición de las viñetas, pero quizá no termina de resolver los retos que a sí mismo se propone. En lo de las perspectivas a ratos me recuerda a Gene Colan, aunque el referente siempre que se habla de Gulacy es, por algún motivo, Steranko. Sea como sea, a mí Gulacy, con las limitaciones que se quiera, no me desagrada. Me parece especialmente interesante como portadista, y las cubiertas de este tomo son un buen ejemplo. Su forma de narrar es generalmente, pese a todo, clara, y cuando uno se acostumbra a ciertos… inconvenientes, su dibujo puede resultar hasta simpático y todo. Me parece, en suma, un buen profesional, por encima de la media, con sus puntos de interés y alguna cosilla discutible pero también disculpable. Eso sí, lo que no termino de ver es su elección para esta serie, justamente en este momento y en esta etapa. El cambio de estilo es, ya digo, bastante radical, y su interpretación de los personajes, demasiado lejana de la que venía siendo habitual. Selina, por ejemplo, pasa a tener de nuevo el traje pegado a la piel, con lo que volvemos a verla desnuda con el traje pintado por encima. Slam Bradley “toma prestado” su rostro de cierto actor y, en general, todos los personajes están más o menos cambiaditos. En fin, habrá a quien le gustará más esta línea, pero ya se habrán imaginado lo que yo opino.

Por lo que hace a la historia, si fuera un poco más suspicaz pensaría que el cambio de dibujante no debió de sentarle del todo bien a Brubaker, y sus guiones me da la impresión de que pierden un poquito de calidad en comparación a las anteriores sagas. Encontramos más acción, a cambio de sacrificar un poco las interrelaciones entre los diferentes personajes. El guionista recupera el tono urbano, devolviendo a sus personajes centrales a Gotham, y parece que trate de acercar un poco más a la gatita al universo batmaniano, con la presencia de secundarios recurrentes en las series del murciélago como el Pingüino, Zeiss o la banda del Joker, además de la presencia estelar del mismo Batman en uno de los episodios. La cosa vuelve a complicarse para Selina, que toma unas cuantas decisiones un tanto dudosas y que van a ir poniéndole progresivamente sobre la cuerda floja… el final del tomo augura, además, un momento de extremo peligro, del que ya veremos qué tal saldrá.

En resumen, un tebeo que sigue estando, en mi opinión, muy pero que muy por encima de la media del tebeo mainstream yanqui, pero que quizá descienda algún peldaño, especialmente en el dibujo, respecto a lo que ha sido la etapa hasta el momento. Con todo, sigue siendo, creo yo, muy recomendable para cualquier aficionado al género, no digamos al universo de Batman.

Catwoman 3 (Planeta).

Tercera entrega de esta serie en la editorial Planeta… y últimos números de la etapa guionizada por Ed Brubaker. De los cinco números yanquis que contiene este tomo, tres están dibujados por el artista que tomó el relevo en el anterior, Paul Gulacy, con las tintas de Jimmy Palmiotti. De los otros dos, uno tiene lápices de Sean Phillips, con acabados de Stefano Gaudiano, y el otro corre a cuenta del español Diego Olmos (conocido aquí por H2Octopus), entintado asimismo por Palmiotti. Los colores corren a cuenta de Laurie Kronenberg en todos los episodios.

Lo primero que llama la atención en este tomo es que, si uno observa los números de la edición original que incluye, automáticamente se descubre que hay un salto de tres episodios. En efecto, aquí aparecen los números 30 al 33, incluídos, y el 37; faltan, obviamente, del 34 al 36. Ello es debido a que formaban parte de la saga “Juegos de guerra”, recopilada aquí en tres tomos -el tercero aparecido simultáneamente a este de Catwoman-, y Planeta ha optado por incluirlos allí y no repetir los números en este volumen de la gatita. Una vez leído, se puede decir que, pese a que se nota un salto -tampoco inhabitual en estas historias; entre la primera y la segunda de este tomo, por ejemplo, hay también una elipsis de un mes en tiempo interno-, y a que algún comentario que hacen los personajes en el último episodio hace referencia a lo ocurrido en la saga citada, no afecta a la comprensión de la historia.

Por lo que hace a la parte gráfica de las historias, me ha parecido que Gulacy baja un poco más de lo habitual el listón, y el tipo de “incorrecciones” de las que les hablaba más arriba parecen más recurrentes. Hay viñetas que me han sorprendido por, y disculpen la franqueza, lo horrorosas que me resultan a la vista, con cuerpos y rostros alcanzando desproporciones que rozan la pura abstracción… sin pretenderlo, o eso creo. Si a eso le sumamos las no siempre logradas perspectivas, el aspecto es por momentos casi de tebeo amateur. Lo más desconcertante del asunto, al menos para mí, es que Gulacy echa casi tantas de cal como de arena, y crea algunas viñetas realmente impactantes, con una narrativa siempre al límite, dinámica y a veces arriesgada, y hace dibujos realmente bonitos… como la portada que adorna el tomo, con una Selina reamente preciosa. En una palabra, por no seguir: irregular, muy irregular. Eso sí, Gulacy me sigue pareciendo un gran profesional, y hay que reconocer que un dibujo tan trabajado como es el suyo no debe ser fácil de realizar con las apretadas fechas de entrega de una serie regular.

Luego tenemos la historieta que se beneficia de los bocetos -esto es, de la excelentísima narrativa, distribución de elementos en la página y expresión de los personajes- del siempre cumplidor Sean Phillips, y los acabados de Stefano Gaudiano. Lo cierto es que ésta podría haber sido una buena oportunidad para contemplar las mencionadas virtudes de Phillips con una definición un tanto menos “sucia” de la que suele aplicar este artista cuando es él mismo quien realiza los acabados y las tintas. Supongo que Gaudiano quiso respetar el estilo del artista, lo cual tampoco debe ser una mala opción. El resultado, por lo demás, me parece a todas luces tan bueno como es habitual en Phillips. Coincide, además, que la historia (con Batman de nuevo como invitado de excepción, y esta vez con un papel nada anecdótico), creo que es una de las mejores de una etapa ya de por sí excelente. Brubaker da la impresión de saber para quién dibuja, y abandona en esta historieta la acción desbordante de los episodios anteriores -Gulacy es todo un especialista- y nos da uno de esos episodios más tranquilos, que no menos intensos, centrado en los personajes que tan bien escribe. Una auténtica joya.

Y la aportación de Diego Olmos me ha parecido bastante correcta. Un episodio de relleno, realizado sin duda con bastantes prisas, pero que se basta dentro de los estándares del género. La historia es más o menos autoconclusiva, y viene a cerrar uno de los cabos sueltos dejado por una trama anterior. Sin ser lo mejor de la serie, tiene oficio por ambas partes narrativas y se lee con cierto agrado.

Por lo que hace a la historia, el tomo comienza a partir del cliffhanger con el que finalizaba el anterior, y nos muestra una muy cruenta lucha entre Catwoman y un muy peligroso villano. Las consecuencias del conflicto son realmente fatales… o lo hubieran sido, de no ser porque en el siguiente episodio…. no, no teman, no voy a contarles la historia. Sólo les diré que Brubaker aprovecha ese segundo episodio para ligar ciertos elementos que estaban en el aire desde el viaje de Selina y Holly en el primer tomo, incluyendo la presentación de un nuevo personaje que podría dar mucho que hablar en el futuro de nuestra gatita. Además, algo queda suspendido en el aire respecto a la verdadera naturaleza, status y destino de Selina; Brubaker plantea muchas cuestiones, abriendo un sinfín de posibilidades para nuestro personaje. Algo que, a continuación y en un futuro más o menos cercano, no será él quien desarrolle, desafortunadamente.

De los dos números más o menos de relleno -o no tanto, que en realidad continúan aportando cosas a la trama- ya les he comentado algo a propósito de sus dibujantes. Queda el episodio final, la despedida de Brubaker del título. 37 números, alrededor de tres años. Y lo hace con una historia, como no podía ser de otro modo, tremendamente emotiva, en la que aparecen todos los personajes que han tenido un cierto peso en esta etapa (Selina, Holly, Karon, Slam, Batman, Wildcat y Leslie). Un broche perfecto a una etapa francamente maravillosa, en la que hemos tenido la oportunidad de conocer a unos personajes que, hasta la revolución dada por el nunca suficientemente loado Brubaker, tenían en mi opinión un interés escaso o nulo. 37 números, pues, para el recuerdo, que quedarán para mí, y espero que para muchos otros lectores, como un auténtico hito, no sólo en las vidas de estos personajes de ficción, sino del mundo del cómic generalista norteamericano.

Una etapa, de este modo, termina. Nos queda el consuelo de que, siempre que estén a su cuidado autores como Ed Brubaker y los excelentes artistas que le han acompañado, Catwoman seguirá saltando por los tejados, tan independiente, salvaje, libre y hermosa como los felinos de los que toma su apodo.

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El ángel caído 4, de Peter David y David López.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 20, 2007

Cuarta entrega de la edición española de esta serie, obra del experimentado guionista Peter David y el dibujante español David López. Lo primero a resaltar es el cambio de formato, ya que hemos pasado de tomos que contenían media docena de números en las tres primeras entregas a este prestige con apenas dos episodios. En fin, decisiones editoriales, condicionadas en este caso -supongo- por cuadrar el material de DC y el de donde pasó a publicarse después, precisamente, del último episodio de la entrega que aquí reseñamos: IDW.

Si la serie comenzaba planteando un buen número de misterios e intrigas alrededor de la protagonista, de la mayoría de los personajes secundarios y, muy especialmente, de la extraña ciudad donde tiene lugar la acción, Bette Noire, hay que decir que a estas alturas, y desvelados buena parte de los susodichos, se imponía un desplazamiento de los centros de atención. Una opción que a posteriori parece lógica es por la que ha optado Peter David: ya que los personajes han sido suficientemente presentados y que las premisas de juego están sobre la mesa, qué menos que centrarse en los personajes mismos, en sus líos e intrigas y, de paso, traer de vuelta a dos personajes que llevaban ya varios años durmiendo el sueño de los justos: Sachs y Violens. Dado que estos últimos son creación de Peter David (y George Perez, que realiza las portadas de los dos números originales), pues todo queda en casa.

En mi opinión, lo más flojo de la trama de este miniarco argumental es, precisamente, la presencia de los invitados mencionados. Mucho más interesante me parece el lío de coco, todavía mayor de lo habitual y consecuencia lógica de hechos anteriores, que se trae la protagonista del título. Su relación con los demás secundarios va alterándose poco a poco, y creo que hubiera preferido un arco un poco más intimista, que explorase mejor las consecuencias de los acontecimientos recientes sobre el reparto habitual, ayudando con ello a tratar de mejor consolidarlo. Me consta que la aparición de Sachs y Violens fue planteada como un gancho para lectores ajenos a la serie, en un intento que se mostró vano de remontar las ventas y mantener el título en DC. Una lástima, y una oportunidad perdida; tengo en mente la excelentísima -no me cansaré de decirlo- etapa de Ed Brubaker et. al. al frente de Catwoman, donde, tras el clímax de una saga especialmente dramática, se dedicó justamente a explorar las consecuencias sobre los personajes en tres números para el recuerdo. Pero esa fue otra historia…

Sobre el dibujo: David López realiza, en mi opinión, un trabajo más que correcto, en su línea. Es un artista, me parece, con un gran talento y potencial. Lo demuestra aquí y ahora en Catwoman, serie donde, por lo que he visto, está mejorando su estilo a pasos agigantados. Espero que pronto sea llamado a dibujar colecciones que le acerquen a un mayor público, y estoy convencido de que no defraudará.

En conclusión, si has seguido la serie del ángel caído hasta aquí, no creo que esta última entrega te defraude. Eso sí, si te perdiste por el camino, tampoco hay nada, me parece, que pueda ofrecerse como argumento para hacerte volver (a no ser, que de todo hay en la viña del señor, que seas un fan de Sachs y Violens…) Y si todavía no te has decidido, quizá no estaría de más que trataras de echar un vistazo a los primeros números. A mí esta mezcla entre superhéroes y trama sobrenatural, entre un cierto clasicismo y un tonillo estilo Vertigo, no me parece nada mal. De momento, me ha bastado para llegar hasta aquí. Y para esperar la continuación, claro.

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Ya está aquí Último viaje a Bizancio Ediciones.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 18, 2007

Pincha sobre la imagen y prepárate a descubrir todo un acontecimiento en la blogosfera tebeística hispana.
Último viaje a Bizancio Ediciones
Mi más sincera enhorabuena a José María y Luis por la iniciativa, y mis mejores deseos para el futuro.

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Superman vs. Wonder Woman, de Gerry Conway y José Luis García López.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 18, 2007

All New Collectors Edition Vol. 7 - 00 - FC-1

Si en la entrada anterior hablaba sobre uno de los últimos enfrentamientos entre dos de los superhéroes más importantes de la historia del medio, en ésta me referiré al que debe ser, sin duda, uno de los más memorables. Se trata del especial en formato gigante y 72 páginas ALL NEW COLLECTORS’ EDITION VOL.7 C-54, de 1978, escrito por Gerry Conway, dibujado por José Luis García López y entintado por Dan Adkins.

Nos encontramos ante un cómic realmente especial, situado en la Segunda Guerra Mundial y escrito siguiendo la estructura más o menos clásica de este tipo de crossovers “estilo Marvel”; sin duda, algún editor de DC había calado el éxito de su competencia y quería traer algo de ese “toque” a sus propios tebeos. Sea como fuere, vemos cómo Superman y Wonder Woman, en principio cada uno por su lado, se van implicando dentro de una trama muy de la época, con espías, villanos superpoderosos y… artefactos nucleares. Diana descubre, nada menos, la existencia del proyecto Manhattan y, siguiendo sus convicciones, trata de destruir el programa nuclear norteamericano antes de que pueda dar lugar a la bomba atómica. Ésta será la causa de su enfrentamiento con Superman, lucha que será detenida para hacer frente a una amenaza más urgente: dos supervillanos, un nazi y un samurai japonés, que tratan de hacerse con un artefacto nuclear.

Más allá de la anécdota argumental del tebeo, resulta llamativa la posición de ambos héroes ante el dilema que la presencia del proyecto de armas nucleares les presenta. Diana adopta una postura de “pacifismo combativo”, si me permiten el oxímoron, mientras que a Superman le toca representar el papel conservador, cediendo su confianza -y responsabilidad- al poder político norteamericano. El final del tebeo no deja de ser algo desolador, no tanto por lo que ocurre sino por lo que sabemos que, históricamente, ocurrió con posterioridad.

Dejando de lado dilemas morales y pseudofilosóficos, lo que realmente convierte a este tebeo en una auténtica maravilla es el dibujo de un José Luis García López simplemente inconmensurable, titánico. El tebeo tiene escenas francamente espectaculares, narradas con un despliegue de recursos y una claridad narrativa que cuesta encontrar en otros artistas. Como muestra, un botón: observen atentamente la siguiente escena a doble página.

All New Collectors Edition Vol. 7 - 39 & 40-1

¿Qué me dicen? Una composición de página, en mi humilde opinión, francamente lograda; no es fácil conseguir que la vista se desplace de una manera tan fluida por las viñetas con un efecto tan increíblemente dinámico, pero es lo que tiene García López: compone con una naturalidad impresionante, sin efectismos vanos, con recursos “invisibles” y dejando que la historia se cuente simplemente con las imágenes; lo fácil que parece y lo difícil que esto resulta, como sabrán todos los que alguna vez lo hayan intentado. ¿Textos de apoyo? De moda en la época, había que hacer que el tebeo durara, pero nunca más innecesarios. ¿Perspectivas forzadas? No: variadas, ingeniosas, difíciles, cambiantes, pero nunca rechinantes, siempre con la “cámara” colocada en el lugar preciso para que la imagen sea espectacular pero, sobre todo, para que veamos todo lo que es necesario ver para entender lo que ocurre. ¿Composiciones de páginas uniformes o descolocantes? Ni lo uno ni lo otro: variedad de esquemas inagotable y arriegada, pero siempre dando en el clavo; no importa cuál sea el orden de lectura de las viñetas, ni si desaparecen los bordes de las mismas y los elementos llegan a mezclarse: la lectura siempre es coherente y relajada, siempre sabemos hacia donde mirar y los elementos relevantes consiguen destacarse. Vaya, podría seguir así un buen rato, pero creo que ya se habrán hecho una idea. No me extraña que tantos profesionales del medio profesen su admiración por este increíble artista.

Para terminar: un tebeo que debe ser una pequeña joya para los fans del tebeo de superhéroes clásico, escrito con oficio por Conway, siguiendo convenciones del género que han llegado a ser arquetípicas, y dibujado con maestría por el gran José Luis García López. Será difícil encontrarle un hueco en algún plan editorial en nuestro país, pero soñar es gratis… y cosas más improbables hemos visto ya, así que no perdamos la esperanza.

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Superman: Sacrificio, de varios autores.

Publicado por Mon Petit Renard on Abril 17, 2007

Tomo que contiene los siguientes números USA: Superman 218 y 219, Action Comics 829, Adventures of Superman 642, Wonder Woman 219 y 220, Adventures of Superman 643 y Superman 220. La saga “Sacrificio” propiamente dicha ocupa cuatro capítulos, siguiendo el orden mencionado, entre Superman 218 y Wonder Woman 219.

Se trata, como se indica en la portada, de una de las historias previas al megaevento que más ha dado que hablar estos últimos tiempos en DC, Crisis Infinita. Concretamente, incluye el crossover entre las diferentes series del Hombre de Acero y la de Wonder Woman -la historia que da título al tomo-, además de una historia previa que prepara los acontecimientos y de tres historietas posteriores que exploran algunas consecuencias de lo ocurrido. Para complicar un poco más el conjunto, los acontecimientos van más o menos en paralelo a otras historias, especialmente El proyecto OMAC, y el final de la historia está claramente truncado; continúa, como no podía ser de otro modo, en Crisis Infinita y en las series regulares de los personajes implicados (además de Clark y Diana, lo que ocurre también afecta en cierto modo a Batman y, muy especialmente, a la JLA).

Confieso que el único motivo por el que he comprado el tomo es porque soy un seguidor incondicional de las aventuras de Wonder Woman, y aquí se incluyen dos números de su serie… que Planeta se salta de su serie regular. Ya se ha discutido bastante por la blogosfera sobre la molestia que causan ciertas decisiones editoriales, y desde luego no es lo mismo gastar 3,5 euros para leer dos números de una serie regular que se está editando desde hace más de un año, que desembolsar 12,95 y tener que colocar un tomo con una cabecera ajena entre las grapas de la misma. Podría haber sido todavía peor, y haber incluido el 220 USA en este recopilatorio y el 219 en el del Proyecto OMAC, tal y como se anunciaban los contenidos en la web de Planeta. El caso es que, todo y que sigo más bien pocas series de pijamas actuales, es la segunda vez que me pasa algo así, y tres números me faltan de la excelentísima etapa de la Catwoman de Ed Brubaker… incluidos en los tomos de Juegos de guerra de Batman. Un gasto a todas luces ridículo si sólo te interesan, como es mi caso, tres episodios… que, por lo que me han contado, tampoco es que sean, ni mucho menos, imprescindibles. Otro es el caso de Wonder Woman, y lo que ocurre en estos dos episodios es, probablemente, lo más importante desde que comenzara la etapa de Greg Rucka, hace ya veintitantos números.

La saga peca, en mi opinión, de algo típico en un crossover de estas características: demasiados autores, demasiada sujeción al hilo de los acontecimientos. La historia me parece en conjunto algo mediocre, con momentos algo más destacables -la lucha de Superman y Wonder Woman, por ejemplo- y otros innecesarios que sólo sirven para alargar la historia. Lo fundamental, la decisión que toma Diana en un momento crucial, es hasta cierto punto coherente con el personaje y las circunstancias… lo que ocurre, y esto se nota perfectamente en el 220 USA de la serie de la amazona, es que Rucka parece haber hecho un gran esfuerzo por conseguir que Diana resulte un personaje francamente antipático, y lo que termina haciendo y, sobre todo, sus posteriores reacciones me parecen entre lamentables e insufribles. Si yo que, como decía, soy un incondicional, apenas puedo tragar con lo ocurrido, ¿qué opinarán de Diana aquellos que no sientan una especial estima por el personaje?

Un tema aparte es el “realismo” que parece haberse puesto de moda en el Universo DC después de Crisis de Identidad. Las ambigüedades morales de los antaño superhéroes, la violencia que ahora sí causa víctimas -un órdago en las Crisis Infinitas, tebeo no apto para estómagos sensibles-, el malrollismo y la “oscuridad” campan por sus anchas, afectando incluso a personajes, como los del tebeo que comentaba que, por su condición icónica y su larga tradición, casi siempre se habían salvado de esta tendencia. No es exactamente igual que en los noventa, en eso estoy de acuerdo con los que están encantados con este cambio de rumbo, pero confieso igualmente que ver a Superboy o al Superman original metidos en la trama de muerte y destrucción de Crisis Infinita, las muertes de personajes, violaciones, lavados de cerebro y demás que han sido la tónica desde la mencionada Crisis de identidad me supera.

De todos modos, la saga de este tomo no deja de resultarme entretenida, algo irregular, como decía, pero con momentos interesantes y, en general, de lectura aceptable. El baile de dibujantes, sin embargo, no ayuda a darle coherencia al conjunto, aunque hay que reconocerle el mérito a los guionistas -y editores- de haber realizado una buena coordinación, y todas las piezas de la historia, si otra cosa no, encajan. En resumen, un tebeo que probablemente no pase a la historia de la excelencia superheroica, pero mínimamente digerible sí que me ha parecido. Eso sí, mi amazona predilecta sigue sin tener excesiva suerte a la hora de encontrar a alguien que cuente sus historias de forma memorable. No consuela ver que Superman tampoco tiene demasiada suerte en esto, al menos en los números de este tomo. Claro que el Hombre de Acero ha tenido contribuciones más que interesantes a su panteón tebeístico en los últimos tiempos, cosa que no sé si decir de Diana. Veremos cómo concluye la minietapa de Heinberg y los Dodson, y a ver si se estabiliza, aunque sea con Gail Simone, la serie en USA… y se deciden a editarla también aquí.

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